Olvidos

Agosto 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Las historias de la Escuela de Medicina de  Univalle  y del Hospital Universitario Evaristo García,  HUV,  son paralelas.  En 1955, el general Rojas Pinilla inaugura  en San Fernando el edificio de  la Escuela de Medicina, fundada en 1950,  y en 1956 se termina de construir el Hospital Universitario  y se destinan para la Escuela sus dos primeros pisos.  Aunque a partir de 1995, en desarrollo de lo ordenado por la   Ley 100 de 1993, el HUV se convirtió en una Empresa Social de Estado  adscrita  al Departamento  del  Valle, su vínculo con  Univalle  está  en su razón misma de ser.Rodrigo Guerrero, M.D.,  cuenta en la   revista  Colombia Médica, en el 2010, que el propio nombre de  Univalle, que nació como una universidad técnica, fue cambiado  en 1954  a instancias de Gabriel Velázquez  Palau, debido a la adscripción  a  Univalle  de la Escuela. El HUV fue determinante  para el desarrollo de las nuevas maneras de entender la medicina, inspiradas  en el informe  Flexner  para la educación médica norteamericana. El nuevo enfoque  orientado más a  las ciencias básicas, al paciente, a  la relación directa profesor alumno, a  la epidemiología  y a la responsabilidad social,  cambió para bien la medicina en Colombia, con médicos de  Univalle   entrenados en el HUV. Esa relación sigue siendo esencial, de tal manera que aun tratándose de una entidad jurídicamente independiente, el cierre del HUV sería un golpe mortal para la Escuela de Medicina de  Univalle, una de las más prestigiosas del continente.  Lo que está en juego es el futuro mismo de la educación pública en salud,  en la región. Tiene todo el sentido que una institución pública como  Univalle  se complemente con otra de ese mismo carácter como el HUV,   que ha debido tener y no ha tenido, una férrea defensa de parte de la Universidad, la cual tiene importante presencia  en  su Junta Directiva. El HUV ha sufrido un continuo deterioro  producido por años de mala administración,  ante lo cual  la dirección de la Universidad, sometida  al vaivén de las decisiones políticas buenas y  malas, ha sido también por más de un decenio  poco menos que  espectadora. El actual Gobernador del Valle decidió que la dirección del HUV estuviera en manos  de un profesor de  Univalle. Cualquiera se pregunta por qué la dirección de la Universidad no había exigido que eso sucediera antes, como había sido la tradición antes de la vigencia de la Ley 100.  Solo que le entregó  al director-profesor una entidad con graves problemas  y ahora lo responsabiliza de ellos, lo cual hace temer su regreso a la clase política.  La administración del HUV  ha hecho un esfuerzo notable para modernizarse, que  ha significado una inversión de $30.000 millones, pagados por el sector privado que vende  servicios  tercerizados  prestados internamente, aprobados por su Junta Directiva de la cual hace parte el Gobierno Departamental, que ahora descalifica el procedimiento. El  HUV termina prestando  unos servicios, públicos y privados,  que  los responsables de pagarlos, que son las EPS, no le pagan. No hay un administrador en el mundo que pueda lograr de esa manera un equilibrio financiero. Si lo que se quería era que  Univalle, con su prestigio  y su experticia,  asumiera la administración  y  sobre todo  la defensa  del HUV  frente a las EPS y a  la clase política,  como  patrimonio académico y público, ¿por qué no se hizo? Al próximo Rector de Univalle   le corresponderá enmendar la plana y  recuperar la historia  común de las dos instituciones. 

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