Oficios encontrados

Oficios encontrados

Noviembre 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

No hay oficios más distintos que el del empresario y el político. Ni pretensión más piadosa que el reemplazo de los empresarios por los políticos para hacer más eficiente la administración pública. La razón es que la naturaleza de los dos oficios es opuesta. El uno busca el beneficio personal el otro el bienestar público, el uno busca la maximización de utilidades económicas el otro la de los beneficios sociales, el uno maneja recursos privados y responde a sus dueños, el otro fondos públicos y responde ante los ciudadanos, el uno funciona en un mercado de competencia feroz el otro crea sus propias normas de funcionamiento.Esas diferencias hacen que el manejo gerencial, que es propio de los empresarios no sea aplicable al sector público (a no ser en sus empresas comerciales), especialmente en la esencia del trabajo gerencial que es el proceso de toma de decisiones. Lo que se denomina gobernanza, utilizando un anglicismo, es una manera de decir que el sector público moderno puede ser eficiente y eficaz si maneja con propiedad los principios de su entorno: el establecimiento responsable de sus prioridades, la participación de la comunidad en la toma de decisiones, la transparencia en el manejo de los recursos, la optimización de los recursos financieros y tecnológicos, la rendición de cuentas. La gobernanza es la buena gerencia de lo público.Son oficios encontrados. Es por eso que el éxito de un empresario en sus negocios no significa que sea el administrador público ideal. Con frecuencia sucede lo contrario. Para ponerlo en términos actuales, el haber construido una torre de apartamentos de lujo en la Quinta Avenida de Nueva York, unos casinos y muchos hoteles, no convierte a Donald Trump en un buen candidato para la presidencia de Estados Unidos sino en un riesgo. Hay algo dramáticamente equivocado en un candidato presidencial que reduce todos los temas, desde los domésticos hasta los internacionales, a un asunto de dinero. Y hay algo tortuoso en el tono que le imprimió a la campaña presidencial que es el del aventurero rapaz que no para en pelillos para obtener su beneficio como si estuviéramos en tiempos del capitalismo salvaje.El auge de su candidatura es un fenómeno populista, nacido en el seno de la sociedad más prospera y materialista que el mundo haya conocido, en la cual los ricos son los Santos Visibles: aquellas personas dotadas por la Providencia de dones excepcionales que se miden por el éxito económico; donde los políticos están desprestigiados y se consideran que han adquirido las malas mañas de los empresarios para su beneficio personal; y donde un extraño a la sucesión casi monárquica de la presidencia norteamericana tiene el efecto de un cambio refrescante. La pausa que refresca.Las raíces y las realizaciones de Trump le hablan al fondo del alma blanca, anglosajona y protestante de Estados Unidos con resonante voz. Solo que ahora la mayoría del país es una olla donde se cuecen a fuego lento todas las razas, las religiones, las nacionalidades, y exigen sus derechos todas las minorías. Así que un empresario millonario, arrogante, desafiante, aislacionista, proteccionista, como es, no debe ganar. Desconoce los instrumentos de gobernanza para manejar al país más poderoso del mundo sin estrellarlo contra sus pretensiones de hacerlo otra vez grande, que se resumen en hacer más ricos a sus grandes empresarios.

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