Nuestra Tercera Vía

Nuestra Tercera Vía

Julio 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Con motivo de la convocatoria por parte del Presidente de la República de una reunión con destacados líderes mundiales sobre la Tercera Vía como iniciativa política, ideólogos de varios pelambres salieron a dictarle partida de defunción a esa teoría. Sin embargo, la Tercera Vía no es tanto una ideología puntual sino una actitud que busca conciliar extremos: el capitalismo y el socialismo, la prosperidad y la exclusión, lo cual tiene variantes que van desde la Doctrina Social de la Iglesia hasta el Laborismo Inglés, pasando por varias versiones criollas. En nuestros días Tony Blair la puso de moda en Europa, con el sustento académico de Anthony Giddens, quien la define como una modernización de la social democracia que haga sustentable al Estado de Bienestar en un mundo globalizado, en el cual hay una competencia feroz por los mercados. Es conciliar el Estado y el mercado, en favor del bienestar colectivo. Para decirlo en términos populares: tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario, lo cual era una cosa en la Inglaterra de los años noventa y otra muy distinta entre nosotros. El proceso que llevó al Nuevo Laborismo Inglés al poder en 1997 es muy interesante, porque significó reconstruir un partido formado con base en los sindicatos, en el poder entre 1964 y 1979 con Harold Wilson y James Callaghan, que había llevado a una crisis descomunal del aparato productivo debido al agudo proceso de nacionalizaciones y permitido la llegada de Margaret Thatcher en 1979, para deshacer todo aquello. Lo que hizo Tony Blair desde 1994 como líder del Partido Laborista fue reinventarlo. Convertirlo en un Nuevo Laborismo (New Labour Party), que buscaba no tanto el apoyo de los obreros como de la clase media. El cambio de la famosa Cláusula IV, que era la base de las nacionalizaciones, por la búsqueda de una economía eficiente y solidaria, significó su triunfo de 1997 y el éxito de unas políticas que mantuvieron los estímulos a los mercados pero al mismo tiempo el fortalecimiento de la seguridad social, la salud y en general las políticas de bienestar para quienes más las necesitaban. Un traidor al sindicalismo, se le dijo en su momento. Él, más realista, lo bautizó la Tercera Vía.En Colombia la Tercera Vía es otra cosa. Más que el intervencionismo del Estado es su desregularización y su simplificación, y por sobre todo, el lograr con presencia estatal la incorporación a la economía de mercado de los muchos colombianos que están al margen de ella. Es decir, una lucha a favor de la inclusión. Es una revisión de políticas a favor de quienes están al margen del sector productivo para incorporarlos a éste, lo cual implica el fortalecimiento de la economía de mercado, para financiar ese proceso. Nuestra Tercera Vía no es el desmantelamiento ni de del Estado de Bienestar ni del mercado, pues en muchas partes del país no existen ni el uno ni el otro, sino muy por el contrario, el fortalecimiento de ambos que son tan frágiles: la extensión del bienestar colectivo a través de la presencia estatal eficaz con ayuda del mercado. Un traidor a su clase, se califica a sí mismo el Presidente Santos. Su salvador, dirán otros, porque esas políticas que atenúan los grandes conflictos colombianos, son hoy más actuales que nunca.

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