Mitaca

Noviembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Las elecciones de medio período (midterm elections), que acaban de pasar en Estados Unidos son una excelente muestra del correcto funcionamiento del régimen presidencialista. En dichas elecciones se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, cuyos 435 miembros tienen períodos de 2 años y son elegidos proporcionalmente al tamaño de la población de cada Estado; y la tercera parte del Senado, cuyos 100 miembros representan a los Estados, dos por cada uno, y tienen períodos de seis años renovables cada dos por terceras partes. Es decir, la composición de la Cámara es fiel reflejo de la opinión de los electores y las elecciones de mitaca le dan la oportunidad al gobierno para saber si sus políticas tienen la aceptación del electorado, para poder corregirlas y no encontrarse, al final del período presidencial de cuatro años, enfrentado a una reelección sin tiempo para enmiendas.El Presidente Obama con buen sentido ha dicho que las políticas en el campo de la recuperación económica, que es lo que ha producido la debacle en la Cámara para su partido, son las correctas, pero que esa no ha sido la percepción de la gente. De una parte porque los resultados de las políticas de recuperación de una crisis económica no son tan rápidos, y de otra porque se cree que el énfasis no ha sido puesto en la creación de empleos sino en la reorganización del sistema financiero e hipotecario. Sea lo que fuere, Obama acusa el golpe y ofrece cambiar de rumbo para convencer al norteamericano medio que el gobierno trabaja en su favor. Es decir, el propio electorado le da la ocasión de corregir sus errores al precio de tener que negociar sus políticas en la Cámara con la esperanza de que en ese proceso se vuelvan más cercanas a la gente. Otros presidentes norteamericanos en el pasado han sufrido los mismos golpes, han corregido el rumbo, se han recuperado y han logrado ser reelegidos, Bill Clinton para no ir más lejos, alejando así el antiguo conjuro que dice que los presidentes demócratas no duran sino un período. La lección está ni mandada hacer para Colombia, que abrió en la Constitución la posibilidad de la reelección presidencial inmediata, pero donde el Congreso, en la premura con que tramitó el asunto, olvidó crear los balances, controles y medidas para que algo tan prolongado como un período presidencial de 8 años funcione correctamente. No tiene ningún sentido que los períodos de Senadores y Representantes sean iguales, y que no haya una mayor diferenciación entre sus funciones. Los Senadores, elegidos por circunscripción nacional, no representan en realidad a los Departamentos sino intereses nacionales, que deberían estar mejor representados por los Representantes a la Cámara, elegidos por circunscripciones departamentales, cuyo oficio es tratar temas de vital interés ciudadano como la creación de impuestos, pero que se concentran en sus temas regionales. Es decir, el mundo al revés, con el agravante de que el Gobierno no tiene la oportunidad de mirar donde debe ser, que es en el resultado de las elecciones, cuál es el juicio que sobre él se está formando el electorado, para conocer sus posibilidades de ser reelegido. El tío Baltasar dice que esa pata de los períodos de 2 años para los Representantes a la Cámara también le quedó faltando al gato de la reelección presidencial, y que lo sucedido en Estados Unidos, que es el modelo de los regímenes presidencialistas por excelencia, indica la conveniencia de ir pensando en el asunto.

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