Matrimonio indisoluble

Matrimonio indisoluble

Marzo 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Se atribuye a Sir Winston Churchill haber dicho: “Yo creé a Jordania una tarde en El Cairo”, lo cual describe mejor que todo un tratado el proceso de formación del actual mapa político de Medio Oriente, producto de los intereses de las potencias europeas en la región, sin mayores consideraciones sobre su realidad cultural. Mientras en Europa los Estados Nacionales se crearon como consecuencia de la identidad religiosa, territorial y cultural de las naciones, en el medio oriente sucedió lo contrario: las identidades nacionales se han tenido que ir creando con posterioridad a la creación de los Estados. Todo sobre las ruinas del Imperio Otomano, regido por los turcos, que gobernó la región por cuatrocientos años con una sola identidad sólida como el acero, que sobrevivió a su destrucción: el Islam.Como lo explica el profesor Asher Susser de la Universidad de Tel Aviv, en su curso sobre el surgimiento del moderno Medio Oriente, fue el Islam lo que dio legitimidad al dominio turco sobre las regiones árabes del Imperio. De allí que todo el proceso de modernización que comenzó con la invasión de Napoleón a Egipto en 1797, y avanzó con las reformas a la milicia adelantadas por los sultanes turcos, la influencia de grandes intelectuales musulmanes quienes buscaron armonizar la ley musulmana a la reforma de las instituciones, las presiones generadas por la presencia europea y el surgimiento del nacionalismo árabe, tuvieran siempre como norma el respeto por la Sahira, que es el conjunto de normas de conducta y de leyes, incluido el Corán, que rigen la cultura musulmana.En ese proceso, ha sido la falta de comprensión por parte de Occidente de la importancia de la Sharia en los países musulmanes lo que ha llevado al fracaso de los esfuerzos por modernizar esos estados a la manera de las democracias occidentales, como sucedió en el Irán del Sha o en el Egipto de Anwar el-Sadat o en el Irak de Hussein. Y esa misma falta de comprensión ha sido el detonante de la guerra religiosa que ha emprendido el Estado Islámico contra Occidente: una cruzada de los creyentes de Alá, no contra otro Dios, como en la Edad Media, sino contra el demonio del materialismo.La celebración de la Semana Santa cristiana en el Siglo XXI, es casi un rito secreto. Una festividad que cada vez tiene un menor sentido religioso, reducido a las iglesias, consecuencia de varios siglos de separación de la Iglesia del Estado. Una característica esencial del estado moderno es su carácter laico, con garantía para la libertad de cultos. Y una característica esencial de la sociedad moderna es su desvinculación de la obediencia a las religiones oficiales. Una moral civil que se ha buscado imponer universalmente y que choca violentamente con lo que las naciones musulmanas consideran su identidad. Dice el profesor Susser que en el mundo árabe moderno hay dos tendencias fundamentales: la aceptación de las fronteras trazadas para ellos por las potencias europeas y el renacimiento del islamismo radical. En ese contexto se introduce en 1949, como una espina en la espalda, el Estado de Israel, el enemigo común. Uniformes y sotanas sometidos a la ley civil es el gran triunfo de la civilización occidental. Pero ha sido un error mayúsculo y un gran fracaso tratar de imponer ese criterio al mundo musulmán en el cual la Religión y el Estado forman, al parecer, un matrimonio indisoluble.

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