Matemáticas electorales

Enero 14, 2017 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La elección del próximo Presidente de la República puede analizarse desde dos puntos de vista. Uno relacionado con las cifras electorales históricas, que son una muy buena guía, y otro añadiéndole el factor sorpresa puesto que como decía el poeta Marroquín, “en más de una ocasión sale lo que no se espera”. Si el mapa electoral de 2018 fuera similar al de 2014, es decir, que los partidos que participaron entonces hubieran mantenido su volumen de votos, solo habría dos partidos con posibilidades reales de pasar a la segunda vuelta: el Centro Democrático y la Unidad Nacional. En la primera vuelta de 2014 el Centro Democrático obtuvo con Oscar Iván Zuluaga 3’759.971 votos y la Unidad Nacional, con Juan Manuel Santos 3’301.815, mientras candidatos que de nuevo suenan para el 2018 como Marta Lucía Ramírez por el Partido Conservador y Clara López por el Polo Democrático, sólo obtuvieron 1’995.698 y 1’958.414, respectivamente. Dos nombres adicionales que entran en la baraja Germán Vargas Lleras, de Cambio Radical y Gustavo Petro, del Polo Democrático Alternativo, obtuvieron en la primera vuelta de 2010, 1’473.627 y 1’331.267, respectivamente. Nada indica que los volúmenes electorales de todos esos partidos minoritarios hayan aumentado sustancialmente. La única elección nacional posterior a 2014 fue la del Plebiscito de 2016 que fue una repetición al detalle de la segunda vuelta electoral de 2014, en la cual es difícil discriminar de quienes fueron los votos por el Sí o por el No, pero confirmó una polarización que confirmaría también a los dos partidos que tendrían la mayor opción para pasar a la segunda vuelta en 2018.Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. No sobra mencionar que el Partido Verde con Antanas Mockus y la candidatura a la vicepresidencia de Sergio Fajardo, quien sería otro candidato en 2018, obtuvo 3’134.220 votos en 2010, desplazando a los partidos tradicionales en la segunda vuelta en una arrolladora Ola Verde que murió luego lánguidamente. Ante ese paisaje no es difícil pensar que debería haber unas alianzas previas a la primera vuelta electoral. Las más obvias son dos. La del Partido Liberal cuya última participación presidencial en 2010 lo colocó en un lastimoso último lugar y el triunfante Partido de la Unidad Nacional, basada en el hecho de que el último tiene los votos pero el primero tiene el candidato. Una fórmula de Humberto de la Calle como candidato a la Presidencia y una figura de la Unidad Nacional a la Vicepresidencia sería imbatible si la opinión pública juzga positivo lo que se haya hecho hasta entonces en la aplicación de las normas nacidas del proceso de paz. Y una fórmula entre el candidato a la Presidencia del Centro Democrático escogido por Álvaro Uribe ¿Iván Duque? con la vicepresidencia de Marta Lucía Ramírez, que es la candidata conservadora con más votos, sería imbatible si la opinión pública juzga negativos los resultados del proceso de paz. Quien se quede fuera de esas dos opciones pierde. ¿Dónde ubicar a Vargas Lleras, convertido en valioso comodín, si solo no llega? ¿Candidato del gobierno? Así que el proceso de paz elige Presidente. A no ser, como dice el tío Baltasar, que la opinión pública esté hasta la coronilla del asunto, se decida por una propuesta diferente y nos sorprenda con un nuevo chaparrón imprevisto, del cual no hay nubes todavía en el horizonte.

VER COMENTARIOS
Columnistas