Maderas

Diciembre 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Todo arte es conceptual. Detrás de cada obra de arte hay una concepción intelectual que se expresa a través de los medios disponibles en cada época. El Renacimiento, por ejemplo, buscaba revivir los principios que habían inspirado la cultura griega: el hombre como medida de todas las cosas, la importancia de la razón, de la geometría. Una cierta perfección que nacía de las proporciones y creaba una armonía en los astros, en los hombres, en las ideas: la música de las esferas. Cuando los grandes artistas del Renacimientos hicieron con la perspectiva y el óleo obras maravillosas, estaban aplicando ese concepto intelectual al arte. Quienes las hicieron tenían la comprensión de su época y el manejo extraordinario, genial, de su oficio.La pretensión moderna de reducir el arte sólo a lo conceptual, es una trampa peligrosa de la razón. Las ideas que no se pueden materializar en obras de valor estético, con la total maestría de un oficio, son sólo ideas, no arte. La obra de arte no es sólo lo que se le ocurre al artista sino la manera como esa idea se materializa y adquiere vida propia. Es la diferencia entre sociología y arte, entre la manera como se entienden los fenómenos sociales y cómo se expresan éstos con valores estéticos. La distinción está vigente y olvidarla ha llevado a la confusión total sobre lo que se considera arte, a crear un abismo infranqueable entre el público y el arte moderno, y a hacer del arte, que es un patrimonio común, un oficio secreto para una minoría de conocedores.La exposición de arte conceptual “Territorios en discusión”, en los jardines del Museo La Tertulia en Cali, es bien intencionada desde el punto de vista conceptual. Pobre por sus resultados. Hecha por invitación a algunos artistas, buscaba “partir de una selección de obras de la colección del Museo y archivos del centro de documentación para que cada uno planteara distintas relaciones: contextuales, paisajísticas, históricas, con el ánimo de transformar e incitar a nuevas formas de percibir y habitar el espacio arquitectónico del museo y las zonas aledañas”. Un grupo de artistas conceptuales toman obras de Roberts Kipniss, Edward Rushcha, Luis Canmister y Carlos Cruz Díez, como inspiración para construir una casa en el árbol, una estructura sobre palafitos en el andén, y unos contrafuertes de guadua para soportar las columnas exteriores del diseño clásico del Museo. El tosco resultado tiende a tener que ver más con la carpintería que con el arte. Un experimento sociológico sin importancia.Por coincidencia, en el interior del Museo se exhibe la obra de Hernando Tejada, quien trabajó también con madera para crear algunas de las piezas más memorables del arte popular (Arte Pop) colombiano. Tejada usa su conocimiento del oficio artesanal de tallar la madera para expresar su concepción del mundo tropical, revolucionando el uso del balso para producir obras de gran originalidad, aunque a veces haga piezas puramente decorativas, como sus gatos. Pero sus mujeres y sus manglares, llenos de color e ironía, poblados de seres y objetos fantásticos, son obras de arte que valen por sí mismas con independencia del evidente concepto intelectual que las inspiró. Quizás sobrevivirán un poco más que la casa en el árbol, el palafito y los contrafuertes, hechos además para no durar, con lo cual anticipan la suerte que de todas maneras les estaba destinada.

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