Las armas que no son

Diciembre 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Si se piensa mal, lo que hay detrás de las polémicas entre los expresidentes de la República es la eventual reunificación del liberalismo en el mediano plazo, lo que lo convertiría en primera fuerza política en Colombia, con la consecuente absorción del Partido de la U, de Cambio Radical, la fragmentación del Partido Conservador y la condena a ser minorías de las demás organizaciones políticas, como el Partido Uribe. Las peleas de barrio de Uribe y Pastrana contra Santos y Gaviria, respectivamente, son cargas de profundidad que lanzan los primeros para evitar que suceda lo que han decidido los segundos: la reunificación liberal, que borraría las posibilidades de llegar al poder de los demás. Esa reunificación del liberalismo dejaría al Partido de la U, Partido Social de Unidad Nacional, en el descampado, por sustracción de materia. Está en el peor de los mundos: la mayoría de sus integrantes provienen del liberalismo, su jefe es el Presidente de la República, quien se reconoce como liberal cada vez que puede, e ido de sus filas el expresidente Uribe, que busca quitarle parte de sus votos al presentar su propia candidatura al Senado, lo que queda de él es un grupo de dirigentes regionales, unos con más votos que otros, tratando de hacerse elegir al Congreso, a nombre del Gobierno. Si el Partido de la U pierde parte importante de su representación parlamentaria su destino queda en manos del Presidente de la República, que lo fundó y conoce bien su razón de ser: un poderoso mecanismo electoral de ocasión para reelegir a Álvaro Uribe y para elegirlo a él mismo, que ya no tendría sentido. A Cambio Radical, sin Germán Vargas, le sucede lo mismo.El Partido Conservador tiene un futuro no menos lleno de nubarrones. No tiene un candidato presidencial viable; hace parte de la coalición de Gobierno sin que exista, al parecer, un interés mayoritario en que abandone esa posición; y su ideólogo natural Álvaro Uribe, de origen liberal pero fiel intérprete de la derecha colombiana, ha decidido formar un nuevo partido, ligeramente caudillista, que lleva su propio nombre y que le morderá parte de su electorado. No cabe esperar que el Partido Uribe saque más votos en las elecciones parlamentarias que el Partido Conservador, pero entrará a disputarle el mismo electorado debilitándolo aún más. No tiene, en resumen, vocación de poder.Así que el expresidente Pastrana se va lanza en ristre contra el expresidente Gaviria porque el proceso de reunificación liberal requiere del concurso del expresidente Samper, a quien no quiere bien desde que lo derrotó en 1994, reviviendo errores del pasado, pensando que veinte años después el electorado castigará cualquier intento del presidente- candidato Santos, jefe de la U, de unirse con personajes que él considera perversos. Unión que dejaría indefenso políticamente al Partido Conservador. Y el expresidente Uribe se va lanza en ristre contra el presidente-candidato Santos, porque considera que denunciándolo por una presunta traición a sus instrucciones políticas, podría gobernar ahora si por la interpuesta persona de un candidato presidencial desconocido, y como candidato al Senado recuperar las huestes del Partido de la U para que no vayan a refugiarse bajo la sombra liberal. El tío Baltasar dice que no es que los expresidentes se hayan puesto bravos porque sí, sino porque luchan, con las armas que no son, contra la dinámica inevitable de un proceso de unidad liberal que golpea sus ambiciones políticas.

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