La última carta

Agosto 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La carta del gran general Tomás Cipriano de Mosquera, publicada por la Gaceta Dominical de El País el pasado 26 de julio, es interesante por su origen y su contenido. El original pertenece al archivo de Manuel Mosquera Castro, descendiente directo del Gran General, y fue atesorada por su familia por 137 años, pues poseía no solamente el valor histórico de su opinión sobre los acontecimientos del 20 de julio de 1810 sino que fue la última carta dictada por él, viejo y enfermo, en 1878, quien moriría en octubre de ese mismo año.La carta le fue dictada a su nieto, Tomás Mosquera Epalsa, quien lo llamaba Gran Papá y vivía con él en la Hacienda de Coconuco, su retiro final después de haber sido cuatro veces presidente de tres repúblicas diferentes, que eran como la Santísima Trinidad una sola: la República de la Nueva Granada, la Confederación Granadina y los Estados Unidos de Colombia. El nieto, con preciosa caligrafía, copió la carta remitida al Jefe Municipal de Popayán y se la hizo firmar al General, de modo que existen dos originales, el enviado como respuesta y el conservado por los Mosquera Castro.Son los nietos del joven escribano, Manuel y Lily Mosquera, quienes la sacan a la luz, coincidiendo con la polémica sobre la significación del 3 de julio de 1810, fecha considerada por las academias de historia como el grito de Independencia de Cali, precursor al del 20 de julio en Santa Fe. Pues ni lo uno ni lo otro. El Gran General, fundador de la República al lado del mismísimo libertador Simón Bolívar, pues empezó su carrera pública como su secretario particular, rechaza en 1878 la invitación a participar en los actos conmemorativos del 20 de julio con el argumento de que no considera esa fecha digna de celebración. Baraja el General una lista de fechas que le parecen más apropiadas. El 23 de mayo de 1810, cuando en sus palabras “tuvo lugar la deposición del Gobernador de Cartagena Brigadier Montes y el establecimiento de un gobierno provisorio en esa plaza fuerte”, aunque esa declaración es más o menos idéntica a la de Cali y Santa Fe: el rechazo a la invasión napoleónica a España y la defensa de la legitimidad de Fernando VII como soberano. Recuerda el Gran General que a esa declaración siguió la de Pamplona, el 4 de julio, en similares términos y, sobre todo, que el 20 de julio en Santa Fe fue inspirado por los hechos del 19 de abril en Caracas, que hacía parte del Nuevo Reino de Granada, donde al parecer por instigación del comisionado regio Antonio Villavicencio sí se declara la independencia de la metrópoli. Pero el Gran General se decanta por el 6 de agosto de 1810, cuando Mompox declaró su independencia de España, o por el 11 de noviembre de ese mismo año, cuando lo hizo la legislatura del Estado de Cartagena. Para mortificación de los académicos locales se olvida de mencionar el 3 de julio en Cali.Lo que hubo fue una fiebre de declaraciones, todas ellas impulsadas por la Junta de Cádiz, aunque si no hubiera habido tanto centralismo desde entonces, sí hubiera valido la pena que una vez consolidada la República se hubiera escogido una fecha de mayor significado real histórico para conmemorar la gesta de independencia. Más prudentes los franceses, quienes en la ley que declaró el 14 de julio como fecha nacional no mencionaron la Toma de la Bastilla, que muchos consideran no fue el acto definitorio del comienzo de la Revolución Francesa.

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