La tía Julia y doña Úrsula

Octubre 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La tía Julia es una mujer de mundo. Divorciada, en la Lima de los años cincuenta, une a ese escándalo el de casarse con su sobrino político, Mario, diez años menor que ella, casi un adolescente. Es un drama pequeño burgués, urbano, realista, entrelazado con otro fenómeno que transforma por entonces la vida cotidiana del Perú: las novelas radiales de don Pedro Camacho. Un tema moderno. Úrsula Iguarán es la fundadora de un pueblo perdido en las planicies desoladas de la Costa Atlántica colombiana, donde las cosas ni siquiera tienen nombre. Es Eva en el principio de la creación y todo cuanto le sucede es de carácter primitivo, rural, mágico, una saga de titanes. Un tema antiguo. Así son las obras de sus creadores Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, ambos ganadores del Premio Nobel de Literatura, para gloria de sus países, que con un enfoque moderno o antiguo, son su tema central.Ambas son obras monumentales, con pocas cosas en común. García Márquez es el último y más brillante heredero de la tradición del buen escritor de la academia colombiana del siglo XIX. Su prosa, cargada de adjetivos deslumbrantes está anclada hondamente en la poesía; más cerca de los parnasianos -la generación de Guillermo Valencia, que sacrificaban un mundo para pulir un verso- que de William Faulkner, como se ha dicho. Faulkner influencia a García Márquez en la creación de un mundo propio, como Macondo, pero no en su prosa ni la profundidad psicológica de sus personajes. Mario Vargas Llosa escribe con un lenguaje descarnando y preciso, como las historias que narra. Más cerca de Ricardo Palma y sus Tradiciones Peruanas que unen la crónica social con la crítica política, que de escritores como Hemingway y Dos Passos, como se ha dicho; pero siempre al borde de la reflexión moral, a la manera de los grandes escritores rusos, lo que no deja mucho campo para la poesía. Ha tenido éxito como escritor de novelas y como ensayista, lo cual ilustra el carácter severo y contenido de su prosa. Ambos son pues, primero que todo, herederos de sus literaturas nacionales.El grueso de la obra de García Márquez es intemporal. Flota en el espacio entre la Colonia y el Siglo XIX, contando historias fantásticas, explorando a cada paso la veta profunda del realismo mágico, y al margen del debate político contemporáneo. Es apolítica, a no ser que se quieran sacar piadosas moralejas de su contenido. El grueso de la obra de Vargas Llosa está firmemente asentado en la realidad política del Perú, que le tocó en suerte. Es una permanente denuncia de inequidades e injusticias sociales, está en el centro del debate político contemporáneo en América Latina. En el fondo de cada una de sus historias hay un abuso de poder que se pone en evidencia. Buscando similitudes, dos obras que se parecen, ambas extraordinarias, situadas en épocas remotas, ‘Cien años de Soledad’ y la ‘Guerra del Fin del Mundo’, revelan las enormes diferencias entre ambos escritores. La primera, es una historia provinciana de la lucha del hombre con su entorno, la suma de las individualidades de una familia, los Buendía, que son gente corriente a la que le pasan cosas extrañas. Una saga personal. La segunda, es la reconstrucción histórica de la Guerra de Canudos, del ejército brasileño sobre los miserables del nordeste guíados por un líder providencial. La más terrible relación de la aniquilación de un pueblo. Una saga política. El lector escoge, con el privilegio de que puede quedarse con ambos.

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