La política lo es todo

Julio 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Grecia y Venezuela son dos países muy diferentes que tienen un común denominador: el desastre económico. Sin embargo, la ruina que enfrentan no es resultado del implacable orden económico internacional, en el caso de Grecia; o de las fluctuaciones en el precio del petróleo, en el caso de Venezuela: o de equivocadas decisiones económicas, en el caso de ambos. Es por encima de todo, un fracaso de la política; de los criterios utilizados por las fuerzas políticas en el poder, que convirtieron a la economía en su principal víctima.Los humanistas pueden dolerse de la injusticia histórica de tratar a Grecia, cuna de la civilización occidental, como un pariente pobre y cerrarle las puertas de Europa en las narices, insultando de paso a los grandes filósofos y poetas de la antigüedad. Los economistas que abominan el neoliberalismo pueden tejer elegantes argumentos para decir que un país agobiado por las deudas no puede ser sometido a un régimen draconiano de austeridad porque entonces nunca tendrá con qué pagarlas, lo cual es casi cierto. Pero el hecho de fondo es que el orden económico mundial (y el privado) está basado en el principio elemental de que las deudas hay que pagarlas y corresponde a los responsables de la política saber hasta dónde pueden endeudarse. Los políticos griegos endeudaron el país a sabiendas, más allá de cualquier posibilidad de pago. Al cierre del año 2014 la deuda pública griega equivalía al 177 % del Producto Interno Bruto, PBI, del país: 317.000 millones de euros; PIB que en los últimos siete años ha caído en 25 %, hasta llevar el desempleo hoy al 26%. Una economía ineficiente, con un sector público enorme, bajos impuestos y altas cuentas pensionales: la fórmula del fracaso económico sostenida por los intereses políticos, creada por la derecha que le estalla en las manos a la izquierda.Lo de Venezuela ni hablar. Allí no se sabe si reír o llorar. El Bank of América calcula la inflación en 170% y el Fondo Monetario Internacional predice un decrecimiento de 7 % del PBI, para el 2015. Todo ello resultado de la imposición política de un modelo económico estatista, prodigiosamente ineficiente, que despilfarró toneladas de dinero que llegaron durante la bonanza petrolera. Aferrados al poder, los políticos del Socialismo del Siglo XXI han ensayado todas las fórmulas equivocadas para controlar los precios y abastecer la economía luego de haber desmontado sistemáticamente al sector productivo. El resultado es la bancarrota económica, el desmantelamiento de las instituciones y el caos político.En Colombia, para el año 2015 el Banco de la República espera un índice de inflación entre 3.3 % y 3.6 %; un crecimiento del PIB de cerca de 3.6 %, un desempleo de más o menos 8.5 %. El endeudamiento del sector público es el 35 % del PIB. Tan lejos de Grecia y Venezuela, gracias también a la política, que en esas materias, con sus luces y sombras, ha sido prudente, previsora, estable a través de los años, y ha permitido la contradicción de un país con un orden público revuelto donde la economía funciona razonablemente bien. Lo cual es un argumento a favor de que la falta de resultados en el proceso de paz, magnificado por la propia política, no oculte los logros en la gestión económica, que es la que genera verdadera tranquilidad a la mayoría ciudadana. Ese es el balance lo que hay que evaluar en un mundo donde la política lo es todo.

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