La plata del mercado

Julio 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

‘Limones y parásitos’ es el sugestivo título de un sofisticado ensayo académico de Francisco Piedrahíta, Rector de la Universidad Icesi, usado como un anzuelo para captar lectores desprevenidos, sobre el difícil tema del papel que en una economía de mercados imperfectos, como son todas, tiene la presencia de Instituciones de Educación Superior, IES, con ánimo de lucro, como lo propone para Colombia el proyecto de ley de origen gubernamental que busca reglamentar el servicio de la educación superior, que es además un bien público. En cristiano lo que dice Piedrahíta son dos cosas: que las IES con ánimo de lucro, se lucrarían también del prestigio generado por las buenas universidades sin ánimo de lucro, que son respetables bienes públicos, sin aportar nada al sistema de educación superior, reduciéndoles su mercado, o sea serán unos parásitos; y que las IES de mala calidad con ánimo de lucro terminarían desplazando, vía altos costos publicitarios y nombres presuntamente prestigiosos, a las de mejor calidad, ya que el comprador (estudiante) no tiene suficiente información sobre el producto que compra (la educación), como sucede con quien compra un carro usado bonito pero en malas condiciones, que en Estados Unidos se llaman limones. Las dos preguntas que hay que hacer sobre el asunto son: la primera, ¿suponiendo, en gracia de discusión, que existan en Colombia IES con ánimo de lucro, adónde iría la plata de ese mercado?; y la segunda, ¿Cuánta plata hay en ese mercado? El argumento gubernamental que sostiene todo el andamiaje del proyecto de ley es que no hay recursos estatales suficientes para absorber los 625.000 bachilleres que se gradúan cada año. El aumento de cobertura correspondería a las IES con ánimo de lucro. Parecería haber allí lo que los escolásticos llaman un sofisma de distracción, porque el aumento de cobertura no depende de la falta de cupos sino de la falta de plata. Es decir, la gente no estudia en las IES privadas no porque no tenga dónde sino porque no tiene con qué. Y no estudia en las IES públicas porque, baratas como son, ya no dan abasto. Así que si se quiere aumentar la cobertura habría que crear un programa altamente subsidiado de créditos educativos para estudiantes sin recursos o ampliar con nuevos recursos la cobertura de las IES públicas. O ambas cosas. Pero pretender que sean unas instituciones que se comportarían en ese mercado competido y con información desigual, como parásitos y limones, es buscar el ahogado aguas arriba.Uno podría decir, resumiendo el asunto, que dadas las imperfecciones del mercado, las IES que se consideren por el público, con razón o sin ella, como de mayor prestigio, con ánimo de lucro o sin él, buenas o malas, nacionales o extranjeras, desplazarían a las que se consideren de menor prestigio, aun independientemente de su costo. Lo cual pondría en peligro a las universidades privadas nacionales de calidad y arrasaría hasta sus cimientos a las IES nacionales de mala o mediocre calidad, que están haciendo una fiesta ante la perspectiva de conseguir un socio comercial internacional. Esa es la experiencia real de los casos conocidos internacionalmente. Luces y sombras. El tío Baltasar dice que la única manera de no parecer xenófobo y aislacionista en la era del conocimiento, es mantener el carácter de las IES como instituciones sin ánimo de lucro, que lo sean realmente, que se asegure su calidad, y que quien quiera medírsele a ese mercado con esa condición, cualquiera sea su país de origen, pues que lo haga.

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