La Pepa

Marzo 31, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Doscientos años cumple La Pepa, nacida en Cádiz el 19 de marzo de 1812, en medio de un sitio militar, en un país ocupado cuyo monarca legítimo pero mediocre había sido obligado a abdicar a favor de otro monarca vecino y avasallador, que se había coronado Emperador. Nace y muere en la primera infancia, gracias al derrumbe colosal del Emperador y a la restauración de Rey, que no la quería bien. Resucita un par de veces, pero su carácter prematuro la condena. Si hubiera vivido, otro gallo le hubiera cantado al imperio español, para el cual la Pepa es su canto del cisne. Uno que otro historiador nostálgico la recuerda hoy como uno de esos momentos brillantes y fugaces que permiten soñar con un pasado que pudo haber sido y no fue.Y lo que pudo haber sido no era otra cosa que la supervivencia del imperio español como una fuerza política moderna, la conversión de sus colonias en naciones federales, vinculadas políticamente a la metrópoli. Quizás nos hubiéramos economizado las guerras americanas de independencia y la misma guerra civil española. Porque la Pepa, como se conoce a la Constitución de Cádiz de 1812, promulgada el día de San José, lo que establecía, anticipándose a la realidad política de su entorno, era nada menos que la soberanía basada en la Nación no en el Rey, la monarquía constitucional, la separación de poderes, la representación parlamentaria de las provincias ultramarinas y la libertad de comercio con ellas, la libertad de imprenta; en fin, todo aquello que en su conjunto constituía la ideología liberal, con las limitaciones propias de su tiempo.Fernando VII, el Deseado, recupera el trono perdido en Bayona y se viene con todo el equipaje del absolutismo, en alianza con la Iglesia Católica. Los firmantes de la Constitución van a dar a la cárcel, el dogmatismo religioso se apodera del Estado, las guerras de independencia de las colonias americanas se desbordan, las relaciones comerciales se rompen y el imperio donde no se ponía el sol se desmorona como un castillo de naipes. Si Fernando VII hubiera aceptado con gracia la pérdida de las rentas americanas para el tesoro real y la limitación de sus poderes, quizás hoy Hispanoamérica sería una institución política tan importante como el Comonwealth británico, en el cual se realizó, en circunstancias diferentes, ese proceso de liberación de las ataduras coloniales para mantener las ventajas políticas y comerciales. Aún hoy los analistas ven en el carácter hispanoamericano de la Constitución de Cádiz una visión de largo alcance que se enuncia desde su artículo primero: “La Nación española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios”, y sueñan con lo que pudiera haber sucedido si La Pepa hubiera tenido una larga vida, lo cual ha sido el rasgo principal de la celebración bicentenaria. Sueños nada más porque la ruptura con Madrid trajo la desunión entre las naciones americanas y volvió imposibles las visiones de los grandes libertadores, Bolívar y San Martín, que desbordaban las fronteras virreinales. Lo que siguió fue la independencia y el establecimiento de Estados liberales, después de innumerables luchas y divisiones, pero cada quien por su lado. El tío Baltasar considera un olvido imperdonable que en toda la celebración se haya olvidado el nombre de Don Joaquín de Mosquera y Figueroa, tío del Gran General, quien representó a la Nueva Granada en la asamblea, presidió la Regencia y firmó la Constitución. De lejos el payanés que más altos honores internacionales ha alcanzado en nuestra historia.* www.oscarlopezpulecio.com

VER COMENTARIOS
Columnistas