La metamorfosis

La metamorfosis

Enero 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Marsella ha sido siempre un cruce de caminos. Es el puerto más importante de Europa sobre el Mediterráneo con todo lo que significa como mezcla de costumbres, razas y culturas. El puerto mismo es una sucesión de hangares y silos para el almacenamiento de productos y el mantenimiento de barcos, venido a menos desde los años setentas. Un día la ciudad decidió proponerse como Capital Europea de la Cultura 2013 y como parte de ese proyecto convirtió dos kilómetros del frente marino en una serie de museos que son hoy la cara de Marsella ante el mundo: el MuCEM, la Villa Mediterránea, el nuevo Frac, el Museo Miradas de Provenza, el Silo de Arenc y el J1.Los dos últimos merecen mención aparte. El Silo es una estructura construida en 1927 para el desembarque técnico de cereales, caída en desuso. El arquitecto español Roland Carta la convirtió en una enorme sala de conciertos, con espacios que aun guardan trazas de su uso original y es hoy el centro cultural más dinámico de Marsella pues su capacidad, le permite presentar toda clase de espectáculos. Es un caso excepcional de reconversión arquitectónica aprovechando la luminosidad de la zona y la vecindad del mar. El J1 por su lado, conserva la nomenclatura que tenía cuando era un hangar de hormigón armado y es hoy una inmensa sala de exposiciones que albergó durante 2013 la más completa retrospectiva de Le Corbusier, el arquitecto suizo-francés quien ya había dejado su marca en el paisaje urbano de Marsella.La exposición, que ahora será itinerante, se llamó Le Corbusier y el Brutalismo, nombre que un crítico inglés le dio a la idea de dejar a la vista las estructuras de hormigón (béton brut, en francés). Le Corbusier tenía la concepción de una ciudad concentrada, abierta, con grandes espacios verdes, ideas que en su momento aplicó al diseño del llamado Plan Piloto 47-51 para Bogotá, que no se realizó. La Ciudad Radiante (cité radieuse) de Marsella encarna ese concepto de edificaciones con una primera planta sobre pilotes, fachadas que no dependen de la estructura, grandes ventanales y terrazas, todo lo cual fue posible por el uso del hormigón. Modernismo se llamó ese movimiento que vinculaba a los grandes arquitectos del siglo XX :Frank Lloyd Wright, Oscar Niemeyer, Walter Gropius, Alvar Aalto y Ludwig Mies van der Rohe. Pero Le Corbusier era mucho más que un arquitecto. 250 trabajos de planos, maquetas, dibujos, esculturas, pinturas, grabados, esmaltes, tapices muestran su coherencia intelectual y su versatilidad para proponer nuevas formas y nuevos paradigmas, que es en el fondo la función primordial del arte.Esa decisión de Marsella de abrir a través de la arquitectura un espacio a su gran tradición multicultural y a la modernidad, es una demostración de cómo el alma de una ciudad es su cultura en su expresión más profunda, no en sus manifestaciones más frívolas y notorias. Es en las acciones y las obras de los grandes maestros que interpretan las necesidades y anhelos más sentidos de una comunidad donde está la semilla de un gran resurgimiento urbano: a través de la planeación respetuosa del entorno, de la recuperación de los hitos del desarrollo industrial, de la revitalización de lugares emblemáticos y sobre todo, de la ruptura con los moldes convencionales, con el costumbrismo, con las academias, con la inercia intelectual, para liberar toda la dinámica que genera la creación artística, como protagonista de un resurgimiento urbano. Una lección a la vista, para aprender.

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