La mala hierba

Agosto 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

En el debate sobre el tráfico de drogas ilícitas en el cual muchos ponen una cuota amarga de sacrificio para el placer de otros tantos y el lucro de unos pocos, la marihuana aparece cada vez más como la buena del paseo. Sin embargo, en el asunto de la legalización de la marihuana casi todo es de color verde. No es cierto que su cultivo y comercialización estén legalizados en Estados Unidos ni en ningún otro país del mundo. Existen si en muchas partes procesos de despenalización, de autorización para el uso de dosis personales y para tratamientos médicos, y toda una gama de sanciones administrativas para quien sea sorprendido en posesión aun de dosis pequeñas. La manera como se ha manejado el tema en Estados Unidos es muy ilustrativa de la situación general, no sólo por ser el productor y consumidor más grande de la yerba (un informe de 2005 indica que en valor es la mayor cosecha anual en 12 estados y entre las cinco primeras en 39, con valor superior a los 40 billones de dólares, aunque no se informa sobre la metodología para obtener esos datos en un cultivo que es marginal, escondido, en parte bajo techo e ilegal), sino principalmente por la contradicción que existe entre las normas locales, estatales y nacionales. Oregón, Colorado, Alaska, Ohio, California, Mississippi, Carolina del Norte, Nueva York, Nebraska y Nevada tienen regulaciones para el consumo medicinal, el uso personal y la venta restringida, al igual que algunas ciudades, éstas últimas a veces en contravía de las leyes del respectivo estado. El criterio legal fue dado por la Corte Suprema en 2005, cuando en el caso González vs. Raich determinó que aun cuando las personas cultiven, posean o distribuyan marihuana medicinal de acuerdo con los programas de éste tipo aprobados por la legislación de un estado, esas personas están violando la ley federal y pueden ser juzgadas por las autoridades federales, puesto que así lo permite la Constitución. Es decir que hasta cuando el Congreso de Estados Unidos determine que el cultivo, comercialización y venta de marihuana es legal, ésta seguirá siendo ilegal en todo el territorio de los estados que la cultivan, comercializan y consumen, sin importar la legislación que exista en ellos. Y así está siendo perseguida.En este sentido el debate que se lleva a cabo en Uruguay donde el gobierno presentó al Congreso un proyecto de ley para despenalizar la producción de marihuana, controlar su venta y crear un registro de consumidores, para disponer su tratamiento médico, pone el debate en el campo de la legislación nacional, que es donde debe comenzar a ser discutido para luego llevarlo a la legislación internacional. De la misma manera, la idea ya recogida de la Alcaldía de Bogotá de crear centros de consumidores, repetía la situación de Estados Unidos de abierta contradicción entre las normas nacionales y una iniciativa local, lo cual la condenaba al fracaso, simplemente porque un gobierno no puede distribuir drogas ilícitas. En esas estamos, trabados entre los deseos de la gente y las restricciones de la ley, como ha sucedido en infinidad de casos antes. Pero al debate hay que quitarle el humo y discutir, con hechos y datos, sobre los daños o beneficios de la marihuana, su uso medicinal o sicológico, el hecho mondo y lirondo de que su consumo es un extendido rasgo cultural, el costo absurdo de la penalización, y como dice el tío Baltasar, que es un viejo sinvergüenza, la evidencia de que no se conoce el primer caso de alguien que haya muerto de una sobredosis.

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