La chica danesa

Enero 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Es una tarde en Estocolmo, a mediados de los años 20. La bailarina de ballet que Gerda Weneger está pintando se demora. Con interesada despreocupación Gerda le pide a su marido Einar, también pintor, que pose para ella en el traje de baile de la modelo. Al sentir la sensación de la seda del traje femenino sobre su cuerpo Einar tiene la asombrosa revelación de la mujer que está encerrada en su cuerpo. Ese episodio que marca el principio de un camino sin regreso es el tema de la película inglesa de 2015 la Chica Danesa (The Danish Girl) dirigida por Tom Hooper, basada libremente en el libro del mismo nombre de David Ebershoft, del año 2000. Es pues una historia antigua de transexualismo que se rescata en nuestros días, cuando ya se puede tocar el tema sin escándalo.La película es una exquisita reconstrucción del mundo del Art Deco, aerodinámico, minimalista, de elegancia insuperable, que es una respuesta al intento finisecular de revivir el Gótico, el Barroco, el Rococó con sus sinuosos adornos y sus pretendidas grandezas. Fachadas, interiores y muebles se vuelven angulosos y simétricos. Gerda Weneger será una retratista exitosa de ese estilo y su principal modelo será su esposo, convertido en Lili Elbe, la mujer encerrada es su cuerpo que finalmente aflora. Existe en esa pareja, que es ahora de dos mujeres, una complicidad tramposa que se parece mucho al amor.Lo que hace Tom Hooper es de una cautivante frivolidad. Algo parecido a lo que hizo en la premiada El Discurso del Rey (The King’s Speech), que llevó al mundo entero a compadecerse de los esfuerzos de Jorge VI de Inglaterra por superar su tartamudez como si ese fuera el mayor logro del Imperio Británico. Eddy Redmayne y Alicia Vikander, como Einar y Gerda Weneger, no se quedan atrás en sus nominaciones al Oscar por su actuación en la Chica Danesa. Lo que hace Redmayne en su papel de convertirse en Lili Elbe es un delicado estudio de la femineidad, en sus poses, en sus gestos, en sus sentimientos, en su dolor. No es un hombre travestido sino una mujer que se va descubriendo así misma, liberada de su encierro. Todo ello en unos escenarios daneses y franceses de un preciosismo casi perfecto, que hacen de esa historia, que en la vida real fue una gran tragedia personal, casi un cuento de hadas del patito feo convertido en cisne antes de morir.El encanto y el peligro de la película, que es extraordinaria, es que bordea los límites del sentimentalismo (o cae miserablemente en él como lo han anotado críticos implacables). Pero en el fondo lo que hace es rescatar la esencia de esa historia extraña que es la solidaridad de una pareja enfrentada a una situación imposible, rodeándola de un manto de refinamiento, para valorizar sus mutuos sentimientos por encima de la cruel realidad sicológica y quirúrgica que enfrentan.Einar Weneger fue uno de los primeros pacientes en someterse a operaciones experimentales de cambio de sexo. Convertido en mujer logró su reasignación legal de sexo en medio del rechazo de su entorno; su deseo de ser madre la llevó a una operación de trasplante de útero cuando tenía 46 años, que la mataría. Nuestra época, que ha levantado la cortina de hierro que separaba los sexos y la ha cambiado por una amplia tierra de nadie con 50 sombras de gris, ha convertido a Lili en una precursora y en una heroína, a quien finalmente se le rinde homenaje.

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