Inequidades

Septiembre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Como la vida es injusta, a quien le corresponde establecer equilibrios en la distribución del ingreso no es a las damas de la caridad, ni a la curia, ni a los filántropos, que algo ayudan, sino al Estado. Y esa obligación de que haya una distribución del ingreso más equitativa la ejecuta el Estado a través de las leyes, tratando de que la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley sea una realidad social y no un enunciado teórico. El principal instrumento es de dos caras: por un lado la imposición de impuestos progresivos, o sea que el que más tiene más pague y, por el otro, que el empleo de esos impuestos favorezca más a los que menos tienen. Si lo que sucede es lo contrario: que el que más tiene es el que menos contribuye, porque está favorecido por exenciones o tiene la manera de eludir el tributo; y el destino de los impuestos va a favorecer a las capas más solventes de la sociedad o las regiones más prósperas, o a las más mal administradas, no es de sorprenderse que el resultado sea una mayor inequidad. No hay programa gubernamental, por más paternalista que sea, que compense esa dinámica de concentración del ingreso. O, lo que es peor, de despilfarro y robo de los ingresos estatales, que es el nombre corrupto de la concentración del ingreso.En Colombia hay dos ejemplos enormes y aberrantes de esa situación, que están hoy en el centro del debate público: el régimen de regalías y el régimen de pensiones. En cuanto al régimen de regalías, en el cual las regiones, casi todas atrasadas, donde están los recursos mineros se llevan la parte del león, ese destino no ha solucionado sus problemas seculares de pobreza sino que ha sido fuente de corrupción. Los impuestos que recauda el Estado por las explotaciones mineras terminan en buena parte en manos de los corruptos. Y en el caso de las pensiones, las interpretaciones legales sobre derechos adquiridos favorecen a un grupo reducido de privilegiados con altas mesadas, por encima de los topes legales, que no pagan impuestos, pero cuyas pensiones se pagan con los impuestos de todos los colombianos porque las reservas del Seguro Social hace tiempo se esfumaron. O sea dos casos escandalosos de concentración del ingreso.Sólo alrededor del 20% de los adultos mayores colombianos reciben una pensión y de ellos la inmensa mayoría sólo reciben la pensión mínima. La cuenta pensional que según el Presidente de la asociación de Fondos de Pensiones, puede llevar el Estado colombiano a la quiebra, se concentra en una minoría absoluta de colombianos con pensiones elevadas, algunos de los cuales ni siquiera cotizaron para su pago. Más inequitativa esta situación cuando los afiliados a fondos de pensiones privadas, que, se supone, van a vivir con el producto de sus cotizaciones, no van a poder jubilarse nunca por la dificultad para crear un capital que produzca un interés que equivalga a una porción apreciable de su salario. Lo de las regalías clama al cielo. El aprovechamiento que de ellas han hecho grupos ilegales, el derroche, el simple y llano saqueo del erario. Todo ello hace que el actual proyecto de acto legislativo que modifica su reparto abriendo la posibilidad de que regiones paupérrimas que hoy no las reciben lo hagan, sea el más elemental acto de equidad que pueda hacer un gobierno. La idea de que las altas pensiones paguen impuestos, se acaben los regímenes especiales y que se unifiquen los topes pensionales, apunta en la misma dirección. Quizás cuando eso suceda la vida sea menos injusta.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad