Gobiernos fuertes

Gobiernos fuertes

Marzo 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El asunto es más o menos como sigue: se sabe que la combinación ideal para lograr un desarrollo económico equitativo es la democracia representativa y el libre mercado; éste aporta la competencia y aquella los controles. Cuando la combinación es un Estado poco democrático, y un mercado libre, los resultados no son nada despreciables, puesto que el intervencionismo estatal en la economía, puesto al servicio de la libre competencia, puede llevar al desarrollo de sectores claves, de importancia internacional, con el sacrificio de algunas libertades públicas. Si se trata de un Estado democrático con un mercado pobre, el resultado es el mercado en poder de una minoría, una mayoría con todos los derechos, pero sin la posibilidad de ejercerlos y una corrupción rampante. Cuando la combinación es un Estado poco democrático sin libre empresa, el resultado es deplorable, porque no hay ni libertades públicas ni desarrollo.Así se divide el mundo, entre democracias de verdad y democracias de papel, mercados fuertes y mercados frágiles. Europa occidental y Estados Unidos pertenecen al primer mundo, con democracias y mercados altamente desarrollados. Los famosos tigres asiáticos de los cuales ahora se habla menos, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán, pertenecen al segundo mundo, y son un caso típico de gobiernos muy fuertes, con gran control social de la población, que decidieron estimular con subsidios enormes sectores promisorios de la industria de gran competitividad internacional; lograron así incrementar las exportaciones, que, porque estaban basadas en productos manufacturados, elevaron el nivel de ahorro de los ciudadanos y el bienestar general. Estaban bien lejos de ser gobiernos democráticos. Países como Colombia, pertenecen al tercer mundo, donde el pequeño tamaño del mercado no alcanza a compensar el poder del Estado, la democracia es en muchos aspectos formal, no real, y el gran contratista y empleador es el Estado, con toda la corrupción que ello ocasiona. Países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, sólo para mencionar los del vecindario, pertenecen al cuarto mundo, que considera que el Estado puede reemplazar al mercado y no tienen ni lo uno ni lo otro.El puesto en la clasificación no es irremediable y cualquier gobierno responsable buscaría subir de categoría; pero se puede también bajar a manos del totalitarismo o del populismo; o alejarse de tal manera de la categoría superior, que ya no importe la naturaleza del Estado o la del mercado, desfigurados por la política. Venezuela, por ejemplo, es un caso dramático, porque junto con los países árabes, hoy en ebullición, conforma una subcategoría del cuarto mundo, que es el de los países con dinero, pero sin Estado y sin mercado; esa mezcla de un gobierno fuerte y eterno, una economía inexistente, una corrupción sin límites y una pobreza generalizada. Son ellos una demostración de que no todos los asuntos se resuelven con dinero, (ni con destronar a unos tiranos para poner a otros), y que el dinero al servicio de un propósito no democrático hace más daño que bien. El tío Baltasar, diseñador del mapa, se pregunta ¿dónde poner a la Colombia de hoy, agobiada por la herencia de los escándalos de corrupción que se destapan cada día, el desempleo y la inseguridad del tercer mundo, y, sin embargo, tratando de fortalecer al Estado y al mercado para que hagan lo que les corresponde, como si fuéramos del primer mundo?

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