Gobierno y oposición

Febrero 09, 2017 - 04:54 p.m. Por: Óscar López Pulecio

En estricto sentido, la idea de un gobierno de unidad nacional riñe con la existencia de la oposición política, porque se trata precisamente de que en una circunstancia excepcional todo el país se una con un solo propósito. En Colombia hay varios antecedentes históricos. La Unión Republicana, entre liberales y conservadores, que llevó a Carlos E. Restrepo a la Presidencia de la República en 1910, un experimento exitoso; el Gobierno de Unidad Nacional, que tuvo que conformar Mariano Ospina Pérez luego del 9 de abril de 1948, un experimento fugaz y fracasado; y el Frente Nacional, que llevó el tema de la participación obligatoria del segundo partido en votos a la Constitución, entre 1958 y 1974. Todos esos movimientos comenzaron bien, pero terminaron generando una oposición política agresiva no institucional, como respuesta de quienes se quedaban por fuera del monopolio del poder. Así que es mejor tener oposición parlamentaria que no tenerla, lo cual no invalida el esfuerzo de tratar de reunir la mayor cantidad de fuerzas políticas alrededor de un programa de gobierno.Lo que quiere hacer ahora Juan Manuel Santos es reconocer el hecho político de que existe una coalición de gobierno, fracturada por el proceso electoral, que reúne la mayoría parlamentaria, y que es necesario reconstruir alrededor del apoyo a su candidatura, cuya primacía ha sido claramente reconocida en las urnas; a lo cual se añade el origen mayoritariamente liberal de su partido, y su personal raigambre liberal; y la circunstancia de que la fuerza con la que se enfrentará en la segunda vuelta presidencial, está, como la suya, ubicada en el centro del espectro político y tiene una connotación ética con enorme respaldo ciudadano que le será imposible desconocer al próximo Presidente de la República. Es decir, están dadas las condiciones para una gran concertación nacional, que tiene la virtud adicional de que no se realiza sobre la estricta continuidad de las actuales políticas gubernamentales, porque también existe consenso entre todos los integrantes de ese eventual gobierno compartido, como lo expresaron en su momento los candidatos a la Presidencia, de que es necesario cambiar muchas cosas. Determinar cuáles deben ser esos cambios es la base de la futura gobernabilidad en Colombia.No es un asunto de mecánica electoral y bien puede darse después de las elecciones presidenciales, como lo ha planteado el Partido Liberal, y como sería lo lógico en el caso del Partido Verde, que está concentrado ahora en tener un resultado decoroso en la segunda vuelta y lo único que no tiene en mente es una posible alianza con Santos, pero que si no gana la Presidencia, no tiene la representación parlamentaria para constituirse en una oposición política de peso ni la voluntad de asociarse con el Polo Democrático ni el talante para oponerse a una gestión de gobierno que recoja las propuestas éticas de su movimiento.Así que el experimento de un gobierno de Unidad Nacional que reúna la mayoría del espectro político es una buena idea a la que le va llegando su momento y que de paso serviría para enterrar toda la crispación y polarización de los últimos años, que tan poco bien han causado. El tío Baltasar dice que le aterra un gobierno sin oposición, pero más le aterra uno que se gaste todo el tiempo en lidiar con la oposición, y recomienda la formula de apaciguamiento en el interior y determinación en las fronteras para hacer el mejor camino al andar.

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