Falta de sintonía

Falta de sintonía

Diciembre 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El nuevo Alcalde de Cali, un distinguido dirigente conservador, fue nominado por firmas, en un proceso donde recibió ataques del mundo político tradicional que veía en él una amenaza cierta, y fue elegido contra el candidato oficial de su propio partido. El nuevo Alcalde de Bogotá fue elegido por un movimiento nuevo, disidente del partido que había ganado con su apoyo la Alcaldía de la capital y con la bandera de la oposición a esa gestión. ¿A que se deberá esa falta de sintonía entre las organizaciones partidistas y la opinión pública, que hace saltar en pedazos a las primeras y convierte a la segunda en un elector poderoso, falible e incierto?Lo curioso de esos procesos es que tanto en Cali como en Bogotá, los partidos políticos dieron muestra de una organización y disciplina, en la manera como escogieron sus candidatos a través de encuestas y convenciones, como pocas veces se había visto antes. Cada partido con un candidato legítimamente escogido, después de procelosos debates, y todos ellos destinados a perder. Es algo que preocupa porque bien se puede definir la democracia por la existencia de partidos políticos organizados y resulta por lo menos riesgoso redefinirla por el reino de la voluble opinión pública. La historia de la elección popular de alcaldes tanto en Cali como en Bogotá, es una demostración al canto de esa preocupación. ¿Qué habría que hacer para que los partidos escogieran candidatos elegibles, en sintonía con la opinión pública, a la cual se deben? ¿A qué se deberá esa evidente distancia entre las fuerzas que construyen las maquinarias políticas mediante una red de compromisos tangibles, legales unos al borde del código penal otros, y las que forman la opinión pública, que es un despotismo poco ilustrado que rara vez acierta? El Gran Elector deja de ser los partidos políticos y pasa a ser las encuestas de opinión, de tal manera que los ideólogos del gobierno anterior para justificar una propuesta tan absurda como un tercer período presidencial, terminaron hablando del Estado de Opinión, como una naciente institución superior al Estado de Derecho. Todo ello, independientemente de que los electores a veces escojan bien, como es evidente en el caso de Rodrigo Guerrero, sobre el cual también se puede decir que es más la excepción que la regla. El hecho escueto que no debe perderse de vista es que cada triunfo de la opinión pública frente a las organizaciones partidistas debilita la democracia, porque los canales de participación política deben ser lo suficientemente amplios para que sean los buenos candidatos que tiene acogida en la opinión pública los que sean presentados como candidatos oficiales de los partidos y representen sus programas, con continuidad en el tiempo.El tío Baltasar sale de sus cuarteles de invierno, con el agua al cuello, para decir que le hubiera gustado que Rodrigo Guerrero hubiera sido el candidato de su partido y Gustavo Petro el del suyo, para que sus gobiernos, tan apoyados por la opinión pública, pudieran ser parte de una necesaria recuperación de la política partidista, cuyos enormes esfuerzos se perdieron en las elecciones regionales. Y añade como colofón que el actual gobierno municipal de Cali, elegido por un movimiento independiente, termina con una gestión apoyada por la mayoría de la opinión pública, gústele a uno o no, sin que hubiera podido construir una alternativa de sucesión para su programa de gobierno, lo cual refuerza lo que quería demostrar.

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