En silencio

Julio 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Tres son los cambios revolucionarios que se han hecho en Colombia en los últimos 25 años de vigencia de la Constitución de 1991: la apertura de nuevos espacios políticos, el fortalecimiento de los derechos de las minorías y el carácter laico del Estado. Otras cosas estupendas consagradas en ese texto Constitucional, que ha tenido 41 reformas desde entonces, no todas progresistas, se han quedado escritas; pero el desarrollo de esos tres temas ha producido en silencio una verdadera revolución ciudadana y ha contribuido a perfilar el propósito central de la formación de un Estado Social de Derecho.Para una persona joven de hoy, nuestros Millennials, que es como se denomina a quienes nacieron entre 1980 y 2000, es difícil imaginar un mundo en el cual la política era bipartidista, la tutela no existía y el Estado era confesional. Un mundo cerrado y dividido entre liberales y conservadores, que había generado un enfrentamiento violento por decenios, entre ellos y con las fuerzas políticas emergentes que habían optado por la revolución armada; donde el ciudadano corriente no tenía acceso a sus derechos por el costo y la dilación de cualquier proceso; y donde la Iglesia católica se mezclaba peligrosamente en las decisiones políticas y en la legislación civil.De 1991 en adelante surgieron nuevas fuerzas políticas de todas las tendencias que arrasaron con el bipartidismo, de modo que en la pluralidad política de hoy caben todos los ciudadanos y el gobierno debe ser forzosamente producto de coaliciones alejadas de la ideologías y los dogmatismos que tanto mal hicieron. El bipartidismo ha sido duro de matar y buena parte de las reformas regresivas a la Constitución se explican por su resistencia a desaparecer. Pero fue la apertura política que entonces se produjo la que facilitó el desarme de algunos de los grupos guerrilleros de entonces y que facilita hoy el proceso de paz de La Habana. No verlo es tapar el sol con las manos.En cuanto a los derechos de las minorías, ha sido el carácter garantista de la Constitución el que ha permitido la fuerte presencia de grupos de población antes ignorados: mujeres cabeza de familia, indígenas, homosexuales; comunidades religiosas, raizales, afros. Pero ha sido sobre todo la acción de tutela la que ha creado un poderoso mecanismo de igualdad para proteger la inminente violación de los muchos pero esquivos derechos consagrados en las leyes.En cuanto al carácter laico del Estado, de ello casi ni se habla. La moral social de hoy casi nada tiene que ver con la tradicional moral católica impuesta a rejo desde púlpitos y confesionarios, que tuvo por siglos a su merced a la mujer, a las minorías sexuales, a los indígenas y a los niños. Hoy todos tienen derecho a adorar a su Dios y a que la vida civil lleve su propio curso de acuerdo a lo establecido por las leyes. No hay que olvidar que no hace tanto tiempo la figura patética y aislada del Procurador General de la Nación que hoy nos asola, era la norma.Tantas otras cosas que impulsaron la modernización del Estado: la Corte Constitucional, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía General de la Nación, los mecanismos de participación ciudadana, la independencia de la Junta Directiva del Banco de la República; tantas otras aún por desarrollarse. Tantos problemas que sobreviven. Pero un país nuevo nacido en silencio de esa asamblea visionaria de hace 25 años.

VER COMENTARIOS
Columnistas