En plata blanca

En plata blanca

Julio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Hay demasiada retórica en el tema del acuerdo de paz para la terminación del conflicto armado en Colombia. Todos han hablado demasiado: los politólogos, los sociólogos, los políticos, los funcionarios, los guerrilleros. Esa montaña de palabras impide saber si ha habido algún progreso real en las negociaciones, las cuales se concretan en dos asuntos fundamentales no resueltos: la dejación de las armas y la participación en política de las Farc. Todo lo demás, las zonas de concentración, las treguas, las víctimas, la justicia transicional; y los temas no militares, la legislación agraria, el narcotráfico, son asuntos que dependen de esos dos propósitos.Sólo si hay avances en esos dos puntos se podrá esperar que el largo proceso termine con éxito algún día. La dejación de la armas no es tanto un asunto militar como la aceptación por parte de la guerrilla de que el camino de la conquista del poder ya no pasa por la revuelta armada. Es algo que a todo el mundo le parece obvio, pero que para los guerrilleros era la razón misma de ser de su existencia. Una organización militar que se calcula en 8.000 hombres distribuidos en cerca de 80 frentes, en zonas aisladas de la geografía nacional, no tiene la posibilidad de lograr una victoria militar sobre el Estado, aunque si de hacer mucho daño, como ha sido demostrado. Eso le da un valor que hay que pagar de alguna manera en la mesa de negociación, dando prestaciones y garantías para lograr ese desarme. Pero el reconocimiento de que la vía militar no es la manera de realizar sus ideales revolucionarios, es de lejos el principal logro obtenido, porque es el que los lleva a sentarse a la mesa. La participación en política es de por si la definición de una sociedad en paz. Si no se garantiza la participación en política de los guerrilleros, el proceso no tendría razón de ser. Pero esa participación implica que personas que han cometido crímenes atroces tengan el ejercicio de sus derechos civiles, como cualquier otro ciudadano. Para ello es necesario acudir a los mecanismos de justicia transicional, que molestan a tantos porque son en realidad una mentira con los ojos azules: es decir que hay justicia y reparación, sin que en realidad existan, porque en el fondo implica que hay violaciones sin nombre que no van a ser castigadas como se merecen. Pero así es la guerra y así es la paz.Esos mecanismos de justicia transicional pueden ser muchos y variados. Van desde detenciones en prisiones de baja seguridad hasta sentencias suspendidas y se aplican sólo a los responsables de grandes crímenes. En plata blanca el asunto puede ser más sencillo de lo que parece. Las Farc tienen como máxima autoridad el Estado Mayor Central, EMC, compuesto por 25 miembros, el cual elige los 7 miembros del Secretariado. De ahí se deprende la estructura militar de escuadras, guerrillas, compañías y columnas. El Secretariado, actualmente en Cuba, no se caracteriza por su juventud. Timoleón Gómez, Iván Márquez, Pastor Alape y Joaquín Gómez, llevan más de 35 años como guerrilleros. El Médico y Pablo Catatumbo más de 20. ¿Será que están en condiciones de iniciar una nueva vida como parlamentarios? ¿No podrían quedarse en Cuba pagando su pena en un destierro dorado, mientras cuadros más jóvenes emprenden la aventura política? ¿Volverían? Que el Secretariado y el EMC ordenen el desarme y que otros cuadros hagan la política. Y ya.

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