Elecciones trastocadas

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Todo el mundo está de acuerdo en que la presencia del expresidente...

Elecciones trastocadas

Septiembre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Todo el mundo está de acuerdo en que la presencia del expresidente Álvaro Uribe como cabeza de una lista para el Senado en las próximas elecciones parlamentarias es un factor que alterará el desarrollo normal de ese proceso. La medida en la cual eso sucederá es el gran interrogante político de la actualidad por el carácter inédito de la situación. Pero sobre el asunto pueden anticiparse varias cosas. La primera y más importante es que parecería que se ha trastocado la elección parlamentaria en una especie de elección presidencial en la cual los oponentes son el expresidente Uribe y el Presidente Santos. Gran error. De hecho, los contendores del expresidente Uribe van a ser los más de 500 candidatos al Senado, algunos de ellos probablemente simpatizantes de su causa pero que verían con más complacencia su propio triunfo que el de los de la lista uribista. Uribe, con todo y su importancia pero sin barones electorales, no se enfrenta al Presidente sino a las muchas empresas electorales que constituyen las maquinarias políticas, lo cual es el factor más negativo sobre sus eventuales resultados. Lo segundo es que se trata de una elección sobre representaciones regionales con agendas regionales. A pesar de que el Senado se elige por circunscripción nacional, el grueso de los votos de todos los senadores está en sus sedes regionales y los temas que se manejan en esas campañas son de carácter regional. Aparte de las maquinarias políticas que ponen la mayor parte de los votos, lo que califica la opinión es la capacidad de cada líder regional de hacer valer las aspiraciones regionales. Una agenda nacional como la del expresidente Uribe, que es la agenda de sus gobiernos, apenas retocada, por considerar que se ha desviado, es más propia de una elección presidencial y proponerla en una elección parlamentaria puede no tener tanto éxito.Lo tercero es que una cosa es la opinión favorable de los ciudadanos, y la de Uribe es muy alta, otra muy distinta la intención de voto y otra diferente los ciudadanos que realmente votan, cuyo crecimiento es menor que el de la población. Es decir, hay muchas personas que tienen una opinión sobre la política pero que no votan. El censo electoral en las elecciones del 2010 estuvo casi por los 30 millones y los votos válidos y en blanco de la elección al Senado fueron 11 millones (más casi dos millones de votos nulos y tarjetas no marcadas). No es creíble que el entusiasmo que produce el expresidente Uribe en círculos de la extrema derecha, pueda modificar sustancialmente esa situación histórica.En cuarto lugar, como esas elecciones coinciden con la selección del candidato presidencial del Centro Democrático, puede suceder, como le aconteció a Andrés Felipe Arias frente a Noemí Sanín, que ciudadanos sin partido voten contra el candidato uribista, que en el 2010 era Arias, y decidan votar por un candidato de la otra consulta, si es que se produce una unión de fuerzas entre Progresistas y Partido Verde. Una baja votación por el candidato uribista unida a un resultado apenas aceptable para su lista (entre 8 y 12 senadores) sepultaría la opción del uribismo de llegar a la segunda vuelta presidencial. El tío Baltasar dice que lo mejor que nos puede pasar a los colombianos es que el ex-presidente Uribe se haga contar en las urnas, para que deje de estar hablando a nombre de la Patria y empiece a hablar a nombre de los que realmente representa, que espera no sean tantos.

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