El ombligo del mundo

El ombligo del mundo

Junio 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La actualidad internacional está llena de noticias preocupantes que marcan un retroceso en lo que algunos llaman la cultura global, respetuosa de las libertades individuales y generadora de mayores niveles de bienestar colectivo, dos logros sin los cuales una sociedad no podría llamarse moderna. Esos sucesos ponen en evidencia de una parte, los costos exorbitantes del bienestar y de otra, la enorme resistencia de las sociedades islámicas a la influencia de Occidente. En Grecia, que es la cuna política de la civilización occidental, pero no su cuna económica, porque los griegos han pensado mucho pero no han trabajado en exceso, hace crisis un proceso que puede arrastrar tras de sí el mayor logro de integración económica de la historia como es la zona del euro, puesto que lo que se decida sobre un socio débil y derrochador, que pensó que podía vivir por encima de sus medios sin tener que pagar sus cuentas, puede condicionar el futuro de ese ambicioso experimento e impedir el desarrollo de procesos similares en otras partes del mundo por muchos años. De otro lado, en Egipto se celebran elecciones y los candidatos que se enfrentarán en la segunda vuelta son Ahmed Shafiq, conspicuo representante del derrocado régimen de Hosni Mubarak y Mohamed Morsi, de la Hermandad Musulmana. El elector egipcio, entre la espada y la pared, puede terminar decidiendo que el país islámico más grande e importante sufra un proceso similar al de Irán cuando llegó al poder el Ayatola Jomeini, quien revirtió el proceso de modernización de la región para volver al Medioevo de los estados religiosos de donde no ha salido. En Siria, el gobierno autócrata de Bashar al Assad, perteneciente a la minoría religiosa alauita, masacra sin misericordia a la mayoritaria oposición sunita, y pone al país al borde de la guerra civil, con el Corán como bandera, ante la indignación de los países europeos que expulsan a los embajadores sirios en todas partes. En Afganistán las tropas de Estados Unidos se aprestan a retirarse después de 10 años de guerra, dejando al país probablemente en medio de otra guerra civil y con el resurgimiento de los talibanes, otro gobierno clerical. El mundo árabe recoge, pues, sus vestiduras e inicia un viaje penoso al desierto: la terrible regresión histórica de la religión al poder. Y en Colombia, la actualidad internacional, según los medios nacionales de comunicación, está marcada por dos acontecimientos insignes: la reunión de la Cumbre de las Américas en Cartagena, que no tuvo ninguna consecuencia política para la región y apenas si se registró internacionalmente como un encuentro más, ni siquiera comparable a la reunión un mes después del G-8 la Otan en Chicago; y la candidatura del Vicepresidente de la República a la dirección de la OIT, que nunca tuvo ninguna real posibilidad de éxito. Lo cual quiere decir, según el tío Baltasar, que es por naturaleza provinciano, que los colombianos no tenemos ni idea, ni nos interesa, lo que sucede en el mundo y que los acontecimientos que determinan el futuro de la relaciones internacionales, que pueden marcar la diferencia entre la guerra y la paz, entre la prosperidad y la miseria, entre la libertad y la opresión, pasan sin que nos enteremos, concentrados como estamos en creer que somos el ombligo del mundo, protagonistas, cuando en realidad nada de lo que aquí sucede tiene mayor relevancia internacional, ni las pequeñas tragedias, ni las pequeñas miserias, ni los pequeños logros.

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