El negocio

Julio 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Los datos que acaba de entregar la Organización de Naciones Unidas, ONU, sobre la extensión de cultivos de coca en Colombia, muestran un fracaso monumental en el trabajo de reducirlos, cualquier que haya sido el método utilizado para ello. El área sembrada aumentó en 44% entre 2013 y 2014, pasando de 48.000 a 69.000 hectáreas, que produjeron un estimado de 442 toneladas métricas de cocaína. Aunque disminuyeron las áreas sembradas en Amazonas, Orinoco y la Sierra Nevada, aumentaron en la zona del Pacífico, Putumayo-Caquetá y Meta –Guaviare.Para tener una idea del tamaño, los datos disponibles indican que en Colombia hay aproximadamente 5 millones de hectáreas de diferentes cultivos, entre ellas, 937.000 en café, 453.0000 en palma, 226.000 en caña, y 156.000 en cacao. Es decir, el área sembrada en coca es bastante menor comparada con cultivos tradicionales, aunque cultivos como sorgo, maíz y trigo, han reducido grandemente sus áreas y el mercado depende principalmente de productos importados.En cuantos a los precios de la cocaína, el mismo informe de la ONU indica que en Colombia un kilogramo de clorhidrato de cocaína vale $2.699 dólares americanos, lo cual indicaría que la producción de cocaína en Colombia vale $1.193 millones de dólares, valor que se va multiplicando a medida que llega a los grandes mercados, pues el mismo kilo de clorhidrato de cocaína ya vale entre 15 y 17 mil dólares en Estados Unidos y entre 54 y 57 mil dólares en la Unión Europea, por el alto el costo de distribución y la reducción de su pureza cuando llega al consumidor final. De esas montañas de dinero lo que le queda al campesino productor de la hoja de coca es una fracción. Los campesinos del Catatumbo que en junio de 2013 hicieron marchas de protestas por los programa de erradicación que los dejaban sin ingresos, pedían como indemnización un millón y medio de pesos mensuales por familia, es decir 600 dólares. Pero lo que se le paga al campesino por la venta de su cosecha de coca a quien se la quiera comprar debe estar muy por debajo de esa cifra. ¿No será acaso que el costo que paga el gobierno por la erradicación es superior a lo que costaría comprarle la cosecha al campesino, mientras se le garantiza un programa realista de sustitución de cultivos? Y eso hablando sólo del costo económico, sin incluir los daños ambientales y a la salud humana que produce la aspersión con glifosato, pues no hay que ser un sabio en el tema de cultivos biológicos para entender que bañar gente y plantas de modo indiscriminado con un químico, no puede ser saludable. Ni el costo en vidas humanas de la erradicación manual, protegida por el ejército, en terrenos minados llenos de tropas irregulares. O el costo social de quitarle a una familia pobre, sin vías de comunicación, capital de trabajo, ni asistencia técnica, su única fuente de sustento. ¿No sería una buena idea echarle lápiz a esos números y ver si una compra oficial de la cosecha de coca, para destruirla, podría ser una manera muy eficaz de acabar o al menos encarecer la materia prima de ese negocio de manera que tengan que irla a conseguir a otros países? Y hasta una economía.Un negocio que maneja esas ganancias no va a acabarse nunca, Y si de ello depende la paz política, no la va a haber nunca. Pero si ese chorro de dólares se corta de raíz y el gobierno compra las cosechas, quizás deje de causarnos tanto daño.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad