El meridiano del poder

Octubre 23, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Podría ensayarse la hipótesis de que ninguna de las dinámicas sobresalientes de la economía colombiana de hoy pasa por Cali o por el Valle del Cauca, lo cual quizás explique que el Departamento no tenga tampoco mayor peso político en el concierto nacional. Los grandes temas que determinan el meridiano del poder económico, son: la explotación de la minería y los hidrocarburos, que todo el mundo identifica como la mayor fuente de recursos para la Nación en el futuro inmediato; el crecimiento y madurez del sector financiero, y su apertura internacional, con todos sus riesgos; y las inversiones extranjeras en el sector de comunicaciones, que implican una revolución en el manejo de los servicios públicos, y marcan la pauta de la sociedad del conocimiento. Y resulta que el Valle del Cauca no es productor de minerales ni de hidrocarburos, no tiene un sector financiero desarrollado y su sector de comunicaciones, que insiste en mantener su carácter público, está condenado a ser una pequeña subsidiaria de inversiones foráneas. Es decir, no hay ninguna razón para creer que por aquí pase el meridiano de poder económico. Y la evidencia parece confirmar que tampoco el poder político. Lo que resulta sorprendente es que cuando ese meridiano pasó por aquí, en la segunda mitad del Siglo XX con el auge de la industrialización, ese desarrollo, que fue por sus características regionales casi un caso único en Colombia, no tuvo un efecto correspondiente sobre el poder político. Popayán, enriquecida por el auge minero del Chocó en el Siglo XVIII, creó una dirigencia nacional que dominó la política durante la primera mitad del Siglo XIX; el auge comercial de la Costa Atlántica coincidió con su preeminencia política en la segunda mitad del Siglo XIX; Antioquia con su desarrollo industrial localizado en Medellín, dominó el desarrollo industrial en la primera mitad del Siglo XX, con una poderosa presencia política nacional; Bogotá, que es hoy la mitad del país, ha monopolizado en los últimos decenios las fuerzas reales del poder, concentrando igualmente el poder político. Nombres claves de nuestra historia como Tomás Cipriano de Mosquera, Rafael Núñez, Mariano Ospina Pérez, Alberto y Carlos Lleras, Alfonso López Michelsen, coinciden en su llegada al poder con el auge económico de sus regiones. Y el poder antioqueño estira hasta el Siglo XXI, con Álvaro Uribe Vélez. ¿Qué pasó en el Valle del Cauca para que su poder económico no se hubiera traducido en poder político? ¿Qué posibilidades hay de que ahora, cuando el poder económico no pasa por aquí, haya una presencia política importante? Posiblemente la respuesta a la segunda pregunta sea, ninguna. No hay cuadros políticos nacionales de origen vallecaucano, el desprestigio nacional de su clase política, con honrosas excepciones, es monumental; pero, sobre todo, no existe entre los propios vallecaucanos la determinación de apoyar, por encima de individualismos y rivalidades internas, dirigentes nuevos que puedan mantener un liderazgo nacional, lo cual, como ha sido un rasgo permanente, quizás explique la primera pregunta. El tío Baltasar dice que una sociedad no puede resignarse a que su historia se escriba sólo en la Cámara de Comercio, por meritorios que sean sus miembros y que quizás, el Valle del Cauca desperdició una circunstancia histórica para haber dejado una impronta en la vida nacional, que difícilmente se dará ahora, cuando el meridiano de la modernidad no pasa por aquí.

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