El espejo de Francia

Mayo 05, 2017 - 11:37 p.m. Por: Óscar López Pulecio

La política colombiana debería mirarse en el espejo de la primera vuelta de la elección presidencial francesa. Lo que allí sucedió podría resumirse así: fracaso del candidato del Partido Social Demócrata, en el gobierno, cuya popularidad estaba por los suelos, pero fracaso también de la alternativa natural que era el partido conservador (los republicanos), cuyo candidato se vio envuelto en un escándalo de corrupción política. Así que ninguno de los dos partidos tradicionales pasó a la segunda vuelta. La derrota del gobierno socialista no significó el triunfo de los conservadores. Todos los políticos perdieron.

Pasaron dos movimientos de opinión, uno, ¡En Marche!, recientemente constituido por Emmanuel Macron, exministro de economía del gobierno social demócrata y otro de extrema derecha, encabezado por Marine Le Pen, seguido de cerca por Jean-Luc Mélenchon, de extrema izquierda. O sea, de no ser por Macron la elección final hubiera sido entre los extremos políticos. Macron, quien representa al centro progresista, da confianza al establecimiento y es a la vez una figura nueva, seguramente será mañana el ganador.

A pesar de todo lo que falta por pasar, no es difícil suponer que el candidato de la coalición de gobierno en las próximas elecciones presidenciales colombianas será aquel que el presidente de la República considere que tiene las mayores posibilidades de pasar a la segunda vuelta, una vez se caliente el debate. Y ese señalamiento dejará tendidos en la lona a los demás candidatos de esa coalición, porque arrastrará votos de todos los partidos que la conforman. Hoy, la única persona que tiene esas condiciones, por tener demostradas habilidades políticas y administrativas, probado caudal electoral y ser la línea dura en la cuestionada ejecución del proceso de paz, es Germán Vargas Lleras. Pero, ¿ganaría?

Porque Vargas representaría las ejecutorias del gobierno pero también a la desprestigiada clase política tradicional y su impopularidad. Así que su eventual triunfo dependería del contendor. ¿Será que a un candidato escogido a dedo por Álvaro Uribe, poco conocido, heredero forzoso de lo bueno, lo malo y lo feo del uribismo, que es sobre todo un movimiento de opinión, le alcanzarían los votos para pasar a la segunda vuelta? ¿No será que la opinión ciudadana ha cambiado mucho desde hace 4 años cuando el tema del rechazo al Acuerdo de Paz dominó la campaña, y una vez firmado, su desmonte, que es la obsesión uribista, no está a la cabeza de la agenda política?

Qué tal que el voto de opinión, tan voluble y tan decisorio, decida que está hasta la coronilla de la corrupción política y de la pelea entre Uribe y Santos, y apoye masivamente a un candidato de centro que no sea de los partidos tradicionales, que refresque la agenda política, que respete y ajuste la ejecución del Acuerdo de Paz pero dé prioridad a las necesidades más sentidas de la gente como el trabajo, la educación, la salud, la seguridad urbana, y aleje los peligrosos fantasmas de los extremos políticos y la corrupción. Si un candidato así pasara a la segunda vuelta, allí está el espejo francés para conocer el resultado final de la elección. El tío Baltasar dice que quien mejor reúne esas condiciones es Sergio Fajardo, un profesor de matemáticas antioqueño metido en política, quien lo ha hecho muy bien hasta ahora. Aunque falta todavía todo por pasar.

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