Drama en música

Drama en música

Noviembre 03, 2017 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

La historia de Jorge Isaacs da para una novela de aventuras, que en nada se parece al romance de Efraín y María, dos jóvenes enamorados, bellos y ricos, protegidos por el seguro abrigo de la hacienda, servidos por esclavos, alejados de la política, de las vicisitudes económicas y de la guerra, las tres cosas que marcarían la vida adulta de Isaacs. Sin embargo, ambos autor y libro tienen un final trágico. María muere virgen en plena juventud, Isaacs arruinado en tierra extraña.

Ese signo trágico es el tema del dramma in musica compuesto por Alberto Guzmán sobre un texto de Édgar Collazos, la dirección escénica de Alejandro González, todos ellos profesores de la Universidad del Valle, la escenografía de Diego Pombo, y cantantes formados en la escuela de Música de Univalle, lo que hace de la obra la única ópera escrita, producida y montada en el Valle del Cauca con talento vallecaucano. Obra en un solo acto, responde a la tradición musical que generó la ópera, consistente en ponerle música a un texto poético, con énfasis en la composición musical: un melodrama.

Estrenada muy adecuadamente en el Teatro Isaacs con lleno total y el aplauso del público, ‘Isaacs’ es la escenificación del entierro del poeta en Cali impedido por guardias armados, episodio imaginario pues el poeta murió en Ibagué y pidió ser enterrado en Medellín, luego de salir de Cali por sus malos negocios y su cambio de partido, del conservatismo católico de las élites locales al liberalismo radical de los artesanos y los laicos. «¡Sí, mucho amo al Cauca, aunque es tan ingrato con sus propios hijos!», dijo. El texto de la ópera lleno de simbolismos, propone el triunfo de amor sobre la guerra. Ondean en el escenario las banderas del amor y de la muerte. Al final aparece María para significar el triunfo del amor, que es la esencia del romanticismo.

El texto es una poesía sencilla, arraigada a la tierra, nacida de la tierra, como lo es ‘María’, donde la palabra amor se repite como un estribillo. La dirección escénica y la iluminación crean un ambiente mágico: del ataúd vacío de Isaacs, de quien el coro se duele que descanse en otras tierras, salen al abrirlo grandes mariposas que invaden el escenario. De pronto, cantantes y bailarines se congelan en una de esas escenas teatrales que eran un juego de sociedad en el Siglo XIX. La música ejecutada por la Orquesta Filarmónica de Cali, tiene la forma de un recitativo melodioso, con un ritmo constante, que recuerda las interminables jaculatorias que rezaban las abuelas por las benditas almas del purgatorio. Es un lamento por la suerte trágica del poeta salvado del olvido por el poder del amor de los personajes que él creó. En conjunto una obra de gran belleza formal. Un largo lamento: Basso Lamento decían en la edad media. Una triste melodía cargada de nostalgia que se repite sin fin. Un réquiem.

De los actos de celebración del sesquicentenario de la publicación de ‘María’, los realizados por la Universidad del Valle han sido de lejos los más sustanciales, porque han estado todos orientados a destacar los valores de la región a través del rescate y la revisión a la luz de la crítica contemporánea de la obra de su escritor más sobresaliente. Y en ese trabajo propio de la academia, la ópera ‘Isaacs’ con sus grandezas y miserias, es el resumen de una gran tarea: mantener la vigencia de esa vida excepcional.

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