Divorcio

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Diciembre 15, 2017 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

Ha sido perverso el proceso de cambio en las normas electorales en Colombia si se mide por sus resultados: la virtual desaparición de los partidos políticos y su escasa relación con la opinión pública que dicen representar. Todo nació con las mejores intenciones, que es como está pavimentado el camino del infierno. Nuestro sistema presidencial estaba muy inspirado en la Constitución norteamericana, según la cual la totalidad de la Cámara de Representantes, que representa a la población proporcionalmente, se elige cada dos años y el Senado, que representa a los Estados, tiene períodos de seis años y se renueva por terceras partes cada dos. El mismo día, en cada elección presidencial, se elige la totalidad de la Cámara y una tercera parte del Senado. Como consecuencia la composición del Congreso y la elección presidencial forman parte de un solo debate que determina la gobernabilidad del Presidente.

En Colombia las elecciones llamadas de mitaca, cuando se renovaba la totalidad de la Cámara cada dos años, fueron suprimidas en 1968 por considerar que mantenían al país en un constante ambiente de campaña electoral y eran demasiado costosas, acabando con un termómetro eficaz para ajustar la gestión presidencial. Retrospectivamente, puede pensarse que en su afán de reforzar el poder presidencial, un Presidente autoritario como Carlos Lleras Restrepo prefirió que no hubiera cambios en la gobernabilidad del Presidente a la mitad de su mandato.

De otro lado, se separaron las elecciones de Congreso de las presidenciales con el argumento de que los congresistas se elegían colgados del prestigio de los candidatos presidenciales, como si fuera un pecado, y se estableció que se realizaran previamente a la elección presidencial, con lo cual para un congresista se volvió más importante ser elegido que apoyar al candidato presidencial de su partido. Y para rematar, en 1991 se estableció la circunscripción nacional para el Senado, con lo cual los senadores tuvieron que hacer costosas campañas nacionales, que los dejaban sin recursos para la elección presidencial. Por querer acabar con el clientelismo, se multiplicó.

Los resultados de tanta 'modernización' están a la vista: el Congreso es la más desprestigiada de las instituciones públicas, los líderes políticos prefieren las firmas a los partidos para presentar sus candidaturas a la Presidencia y se rompió la relación entre la composición del Congreso y el resultado de las presidenciales (Santos pierde la primera vuelta de 2014 con el 80% de apoyo del Congreso). Como consecuencia es posible que se elija un Presidente sin partido y con una mínima representación parlamentaria, de modo que el apoyo parlamentario a un Presidente elegido de tal manera, con todo el poder de negociación en sus manos y en sus términos, sea posterior a su elección. O que para garantizar la gobernabilidad haya que revocar al Congreso y convocar una Constituyente. Tiempos felices cuando las elecciones eran el mismo día,
Los políticos tradicionales que son candidatos por partidos a la Presidencia tienen sus ojos puestos en la elección parlamentaria de marzo de 2018, como la base de su campaña presidencial. Pero el sistema cada vez funciona menos. ¿Qué tal que como lo señalan las encuestas resulte elegido Sergio Fajardo, un candidato por firmas? Sería la gran oportunidad para enmendar tantos errores electorales del pasado.

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