Disciplina para perros

Junio 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El asunto de la elección atípica para Gobernador del Valle del Cauca, hay que ponerlo en su contexto político y en su contexto ciudadano, que están alejados uno del otro. Los ciudadanos cuyo trabajo u oportunidades de bienestar no dependen de la política, están hastiados de la manera como los políticos han ejercido su mandato de manejar al Departamento. La cadena de errores administrativos, y la simple corrupción, han desbordado la paciencia de la gente, que en cualquier caso no tiene una buena opinión de la política y la soporta como un mal menor dentro de unos límites que han sido superados hace tiempos. La expresión de ese descontento es la exitosa campaña, realizada principalmente a través de las redes sociales, para votar en blanco. Es un voto de protesta no tanto contra las condiciones personales de los candidatos sino contra el procedimiento de su selección, que al entender de muchos perpetúa los vicios que están pasados de ser corregidos. De ahí que quienes van a votar en blanco como una manera de participar, lo hacen sin ningún interés por las consecuencias que se desprendan de la elección de uno u otro, que para ellos no hace ninguna diferencia. Los políticos por su parte se la juegan toda con cartas marcadas. El resultado de la elección es de especial gravedad para la Mesa de Unidad Nacional, que reúne a todos los partidos de la coalición de gobierno, porque su derrota significaría que uno de los departamentos más importantes de Colombia queda en manos de un adversario inconveniente (que no de la oposición) y que la posibilidad de recuperar su control casi que desaparece. Si el movimiento que ha elegido los dos últimos gobernadores vuelve y repite el triunfo después del fracaso de esas gestiones, quiere decir que los grupos que conforman la Unidad Nacional simplemente no tienen el peso político suficiente ni para manejar al Departamento ni para tener una vocería nacional. Les va la vida en el intento.Dados los altísimos índices de abstención que se prevén, el mayor peso de la votación debería ser el de las maquinarias políticas, aunque la intención de votar en blanco no es de desestimar. Sólo que para el elector corriente es difícil entender su utilidad y bien podría optar por la comodidad de abstenerse. Lo que sí puede suceder es que en la medida en que la opinión independiente se motive a votar, las cifras del voto en blanco aumenten proporcionalmente a un nivel inusitado en elecciones de este tipo. Para los políticos el voto en blanco es un factor desconcertante que no habían tenido en cuenta, porque la selección de candidatos se hizo sobre la presunción de tener el monopolio del poder. Su último recurso ante esta naciente amenazada es convertirla de modo absurdo en un peligro para la región, y la aplicación de una disciplina para perros entre sus seguidores: quien no vote corre el riesgo de perder los privilegios y gabelas que les otorga la política, pequeños o grandes. Es decir, con el fondo del voto en blanco, la elección sigue siendo una contabilidad ácida de las realidades políticas departamentales.El tío Baltasar dice que las oportunidades que tienen los ciudadanos de participar son tan pocas, que no hay argumentos que sustenten la abstención, pues los malos gobiernos son elegidos por la gente que no vota. Pero añade, que hay ocasiones en que el ciudadano debe expresar su indignación por el equivocado manejo de lo público, para que los políticos se percaten. Y no encuentra una mejor manera de hacerlo que votar en blanco.

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