Días especiales

Octubre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Coincidieron en el tiempo el golpe mortal a la organización militar de las Farc y la radicación de la Ley de Víctimas en el Congreso Nacional. Lo que ambos sucesos presagian es un escenario de terminación del conflicto armado en Colombia, en el sentido de que la posibilidad de una negociación con la guerrilla basada en su poderío militar pasa a los archivos de la historia, y al mismo tiempo la sociedad se prepara, con toda la decisión política del caso, a iniciar un proceso de restauración del tejido social destruido por la violencia. Ambas tareas, la que se está terminando y la que se inicia, son complementarias, difíciles, llenas de escollos prácticos y legales, pero no producen la idea de un país en guerra sino de posguerra, que es cuando se terminan los focos de violencia política, se aniquilan o se transforman en otra cosa y se inician programas de reconstrucción. Curiosamente, también aparecieron por estos días las estadísticas de homicidios en América Latina, encabezadas por El Salvador, un pequeño país que solucionó su grave conflicto armado, pero donde parte de sus fuerzas irregulares se han convertido en grupos criminales que no han podido ser controlados, lo cual indica cómo es de difícil la aclimatación de un proceso de paz.La Ley de Víctimas presentada por la coalición de Gobierno es correcta en su planteamiento de reparar a todos aquellos que hayan sido dañados en su integridad o su patrimonio, por violaciones a sus derechos humanos o al Derecho Internacional Humanitario, y será complementada por una Ley de Tierras que busca la restitución de los innumerables despojos de inmuebles rurales producidos por el conflicto armado. Ambas tareas descomunales. De hecho, muchos de los desplazados rurales ni siquiera eran pequeños propietarios dados los altísimos índices de concentración de la tierra donde se produjeron los mayores desplazamientos y, de otro lado, todos los estudios que se han hecho sobre migración del campo a la ciudad indican que los migrantes no regresan al campo, porque a pesar de su situación de indefensión en la ciudad encuentran los servicios y las oportunidades que nunca tendrán si vuelven a su lugar de origen. Así que de pronto tiene más posibilidades de producir resultados la ley de reparación que la ley de restitución de tierras, que puede someter a toda propiedad rural a lo que los abogados llaman pruebas diabólicas, es decir, demostrar acciones de señor y dueño sin límite en el tiempo. Pero lo importante es que los temas de la reparación y la restitución se debatan y se conviertan en el centro de la agenda pública.En el entretanto la guerrilla pierde su guerra, que se iba volviendo eterna, por la razón que se han perdido todas las guerras en la historia del mundo: la superioridad técnica del adversario, que aumenta a medida que la de la propia guerrilla, acorralada, disminuye. Esa situación por sí misma va creando un escenario de paz, porque va a llegar un momento en que un armisticio será inevitable. Vendrá entonces como anillo al dedo la moraleja que Winston Churchill utilizó en sus memorias de la II Guerra Mundial: en la derrota, altivez; en la guerra, resolución; en la victoria, magnanimidad y en la paz, buena voluntad. El tío Baltasar dice que estos días en los cuales han sucedido cosas especiales le devuelven la esperanza de vivir en un país donde sea posible construir la paz, aunque por todo el tiempo que va a tomar para ver sus frutos, que él mide en generaciones, ya no alcance a disfrutarla., es decir, demostrar acciones de señor y dueño sin límite en el tiempo. Pero lo importante es que los temas de la reparación y la restitución se debatan y se conviertan en el centro de la agenda pública.En el entretanto la guerrilla pierde su guerra, que se iba volviendo eterna, por la razón que se han perdido todas las guerras en la historia del mundo: la superioridad técnica del adversario, que aumenta a medida que la de la propia guerrilla, acorralada, disminuye. Esa situación por si misma va creando un escenario de paz, porque va a llegar un momento en que un armisticio será inevitable. Vendrá entonces como anillo al dedo la moraleja que Winston Churchill utilizó en sus memorias de la II Guerra Mundial: en la derrota, altivez; en la guerra, resolución; en la victoria, magnanimidad y en la paz, buena voluntad. El tío Baltasar dice que estos días en los cuales han sucedido cosas especiales le devuelven la esperanza de vivir en un país donde sea posible construir la paz, aunque por todo el tiempo que va a tomar para ver sus frutos, que él mide en generaciones, ya no alcance a disfrutarla.

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