De carambola

Diciembre 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

¿Cuál es el legado de Fidel Castro, el muerto grande de 2016, cuya muerte cierra el episodio político más importante e imprevisto del siglo XX en Latinoamérica como fue la Revolución Cubana? Si él mismo, en 1953, en su defensa ante los jueces que lo condenaron por el asalto suicida al cuartel Moncada dijo que la historia lo absolvería, valdría la pena preguntarse ahora si estaba en lo cierto. Hijo natural de un campesino gallego casi analfabeta que emigra a Cuba como obrero de las plantaciones de azúcar de la United Fruit y se enriquece a sus expensas, Fidel y su hermano Raúl, cuya madre es la cocinera de la casa de la hacienda, crecen a la sombra del patrón que es a la vez el padre. Así que no es el niño rico que decide entregar su patrimonio al Estado socialista sino el muchacho que ha crecido con los peones y ha conocido de cerca ese trabajo agotador y mal pagado que linda con la servidumbre.Dicen los historiadores que el dominio español en Cuba hasta fines del Siglo XIX, se debió a que España protegía la esclavitud, ya abolida en todas partes, puesto que la economía azucarera estaba basada en ella. Solo en 1902 luego de la guerra entre Estados Unidos y España, que esta pierde, Cuba abole la esclavitud y elige un primer gobierno democrático, bajo la tutela de Estados Unidos que se mantendrá hasta la revolución. Los gobernantes sucesivos que tienen alguna notoriedad siguen el mismo patrón de Fidel. Del populismo y el reformismo social a la dictadura. Es el caso de Machado y el de Batista, cuyo perfil es hoy el del militar represivo que entregó Cuba a la mafia, pero que en su momento fue un gran líder con enorme aceptación popular. Fidel desde la Sierra Maestra, con una guerrilla minúscula, tumba ese régimen que se caía a pedazos. Comienza entonces un proceso de expropiaciones de compañías norteamericanas y empresas privadas, ingenios incluidos, impulsado principalmente por el Che Guevara y Raúl Castro, los verdaderos comunistas de esos comienzos.Lo que sigue es el mundo del absurdo. Estados Unidos tolera al principio el acercamiento de Castro a la Unión Soviética, en plena guerra fría. Cuando se da cuenta del peligro, el gobierno de Eisenhower organiza la invasión de Bahía de Cochinos, cuyo plan consistía en enviar un grupo de cubanos y apoyarlos luego con la armada norteamericana. Kennedy llega y solo ordena la primera parte del plan, que fracasa. Si se hubiera cumplido, esa revolución hubiera sido una nota de pie de página en la historia como la de Arbenz en Guatemala y la de Allende en Chile. La crisis de los misiles le da a Cuba inmunidad contra futuras invasiones y el resto es historia.Una historia de intervencionismo militar agresivo en Latinoamérica y África, de la cual Colombia es su víctima más duradera, pero cuyo balance es una derrota militar e ideológica total. En el entretanto Cuba, convertida en una dictadura militar socialista queda desgarrada por el exilio, congelada en el tiempo, al margen de la modernidad y del progreso. ¿Cuál es entonces el legado? El más inesperado de todos: el reformismo de los partidos políticos progresistas que en América Latina buscaron que lo que había sucedido en Cuba no pasara en sus países. A Castro se le debe la modernización de añejas estructuras políticas y sociales. El fortalecimiento de la democracia y la equidad en el continente es su legado, de carambola.

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