Cruzada de rescate

Cruzada de rescate

Septiembre 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Las cifras de desempleo en Colombia que acaban de darse a conocer son motivo de entusiasmo puesto que se adivina que una reactivación de la economía ha tenido como consecuencia un aumento en el empleo. Para julio de este año la tasa nacional de desocupación fue de 9,9%, lo cual significa la creación en el último año de 516.000 empleos, con 960.000 subempleados menos. El desempleo ha venido decreciendo en los últimos tres años para un total de 21 millones de ocupados. La otra cara de la medalla es que sigue habiendo 2.300.000 desocupados y que la tasa de desocupación varía enormemente de una ciudad a otra.Ni Cali ni el suroccidente salen muy bien librados. Las ciudades con tasas más altas son Quibdó, 18,2%; Popayán, 16%; Cúcuta, 15,7%; Armenia, 15,4% y Pereira, 14,8%. Cali, rodeada por las ciudades de más alto desempleo, tiene 13%, mientras una ciudad que podría comparase con ella por su desarrollo industrial como Barranquilla tiene un bajo 7,8%, lo cual haría pensar que lo que pasa en Barranquilla es lo que no pasa en Cali. ¿Qué hay detrás de las cifras de Cali? Más de 200.000 desempleados y una informalidad del 55% de la fuerza de trabajo, lo cual significa que la mayoría de la población trabajadora no tiene ni ingresos estables ni seguridad social. No es un cuadro que describa a una sociedad industrial, o con una dinámica industrial sino más bien una comunidad precapitalista dedicada a oficios varios. O para decirlo de otra manera, una sociedad cuyo modelo de desarrollo se ha agotado. La capacidad de generar empleo es el principal indicador del dinamismo de una ciudad o de una región. Si ese dinamismo ha disminuido de modo continuo debe haber una razón muy seria para ello. El signo distintivo del mercado de trabajo de Cali, que fue la sede de un importante proceso de industrialización, es la informalidad. Es decir que se está desindustrializando y los esfuerzos sociales que se ven a diario, la renovación de su sector público, la llegada de nuevas empresas comerciales, hoteleras, algunas industriales, no es para nada suficiente para revertir esa situación de desamparo. Se requiere mucho más empleo del que se está generando y de mucho mejor calidad.El impulso de comercio exterior, especialmente del comercio importador, quizás pueda explicar en algo el éxito de Barranquilla, un puerto importante, y los problemas de Cali, que va dejando de ser un centro de producción industrial. Pero las razones de la prosperidad de los unos no pueden ser la tragedia de los otros. Tiene que poderse encontrar la manera de generar en Cali empleos estables, productivos, bien remunerados como lo repetía como una cantinela Jaime Carvajal Sinisterra, a quien le preocupaba que se crearan más microempresas, tantas como había. Si aquí hay buenas universidades, gente preparada, empresarios imaginativos, buen clima, buena posición geográfica, buenas comunicaciones, ¿cuál será la manera de atraer empresas que quieran beneficiarse de todo ello, para reducir el número de desocupados? ¿Cuál su nivel de complejidad tecnológica? ¿Cuál la participación de la mano de obra local en la elaboración de sus productos? ¿Cuáles los estímulos oficiales y los regímenes fiscales adecuados? Si en el país entero se está creando empleo, si de pronto comienza el proceso de reconstruir la paz social, si muchos comprenden el problema del mercado laboral y quieren buscarle una solución, si el desarrollo económico está teniendo lugar en otra parte, ¿cómo armar en Cali el equipo para esa cruzada de rescate?

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