Como polvo sobre el agua

Noviembre 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Lo que hace Óscar Muñoz es tratar de capturar un momento en el tiempo, que es inasible, con unos instrumentos inestables, polvo y agua. Una labor imposible que da como resultado un trabajo que se evapora ante los ojos del espectador, pero que mientras dura, por unos pocos segundos, mientras se deforma, nos revela la futilidad de la lucha del hombre contra el olvido y la capacidad del arte para lograr un pequeño triunfo de la memoria: el instante en que la imagen existe, el momento en que la convertimos en recuerdo, para luego desaparecer para siempre. Como nosotros mismos.Lo que hace excepcional la obra de Óscar Muñoz, el artista colombiano más importante de su generación, es la coherencia de su concepción artística a través de los años, expresada en un continuo trabajo de investigación con técnicas cada vez más sofisticadas, que lo colocan en la vanguardia del arte moderno. Desde sus orígenes, con maravillosos interiores dibujados con carboncillo, en los cuales el claroscuro crea unos vastos espacios solitarios, hasta su obra final, primeras páginas de periódicos nacionales con noticias impresas al calor que se van desvaneciendo en sus páginas interiores hasta quedar en blanco, como la propia realidad nacional, su búsqueda es la misma: obtener una imagen con técnicas fotográficas, sobre diferentes soportes pero escamoteándole a la fotografía su razón de ser, que es la fijación de esa imagen. Y para demostrar que no somos nada frente al tiempo toma los elementos más evanescentes, polvo de carbón, arena, vapor, agua, que son el equivalente material de la identidad, la memoria, el olvido, y construye unas obras frágiles que destruiría un golpe de viento. Sólo a través del video que recoge el proceso puede el espectador acercarse al acto creador. Como todo gran artista Muñoz utiliza técnicas sorprendentes: un papel delgado que flota sobre el agua sobre la cual dibuja con polvo de carbón su propia imagen. El agua, al evaporarse fija en el fondo del recipiente una versión monstruosa de la imagen original deformada por el proceso de evaporación, que es como esas fotografías de muertos anónimos de la violencia que rescatan de los ríos colombianos. La obra es tanto el proceso como el resultado final. O las manos, el cuerpo, los pies del artista dibujados sobre papel con polvo de carbón flotando sobre el agua mientras que una gota cae sobre ellos creando otra imagen al azar. O la mano hábil del artista dibujando con agua sobre una superficie caliente rostros amados o anónimos, que se evaporan antes de ser terminados para da paso a otros rostros amados o anónimos que también se evaporarán. O las imágenes sobre planchas de metal que sólo aparecen por un instante cuando el espectador sopla sobre ellas el vaho de su boca. O la imagen reflejada en el agua del cuenco de la mano que se va deshaciendo entre los dedos.El gran público tiende a desconfiar del arte moderno, que ha roto la frontera sagrada entre las expresiones artísticas y las sociológicas, que ha hecho una religión de la falta de rigor, de técnica y de conocimiento del oficio, que produce tantas barbaridades. La exposición retrospectiva de Óscar Muñoz, que estará en el Museo de Arte La Tertulia hasta enero de 2014 es la demostración de todo lo contrario: del rigor técnico, de la disciplina creativa, de la coherencia intelectual, de la innovación perpetua del arte moderno. Un espacio para reflexionar sobre los pequeños instantes mágicos que se evaporan en el aire. Como nosotros mismos.

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