Como Cristo nos enseña

Como Cristo nos enseña

Julio 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La idea de llevar a un referendo el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las Farc tiene dificultades prácticas que pueden enredar el asunto más de lo conveniente. Algunas ya se han superado, como la posibilidad de que el referendo se realice el mismo día de otra elección, lo cual estaba prohibido por la Constitución, que ya lo permite. Es una manera de garantizar la movilización de la tercera parte del censo electoral requerida para su validez, (más de 11 millones de votos), referendo que tendría lugar simultáneamente con las elecciones regionales de 2015.La otra dificultad superada es que ahora es posible que el referendo se pueda votar en bloque, si las preguntas se refieren al mismo tema. Una interpretación demasiado legalista de la Corte Constitucional, llevó a que el único referendo que se ha votado en 2002, durante el primer gobierno Uribe, fracasara al convertir cada una de las preguntas en un referendo independiente. El conjunto resultó un texto técnico de difícil comprensión, con temas tan impopulares como la congelación de los salarios y pensiones de los empleados públicos, que son legión; la supresión de contralorías y personerías; y la reducción del Congreso. Sólo una de las 17 preguntas superó el umbral electoral y fue aprobada.Pero aún con el voto en bloque subsiste la dificultad de que en la mesa de negociación de La Habana se viene discutiendo una agenda de cinco puntos que engloba muchos capítulos sobre cada punto, cuyo denominador común es la terminación del conflicto armado y el establecimiento de una paz estable y duradera, pero que forzosamente se refiere a infinidad de temas. Como se supone que es un conjunto coherente de medidas, desmembrarlo por temas afines crea la posibilidad de que unas partes se aprueben y otras no. Difícil que la Corte Constitucional, con los antecedentes que existen, acepte que el conjunto del tratado de paz, que al parecer será todo un libro, se considere un solo tema para votarlo en bloque, como debería ser.El trabajo realizado en La Habana ha sido serio, prolongado, realista. El sentido común dicta que una vez conocido por los colombianos el texto extenso y prolijo del acuerdo, se deba aceptar o rechazar su resultado en bloque. Si es sí, se adelantará el postconflicto; si es no, se buscarán otras salidas en el futuro. Pero no tiene objeto continuar con la eterna discusión sobre si unas cosas son aceptables y otras no. Para ello el expediente más conveniente podría ser otra de las formas de participación política establecidas por la Constitución que es la consulta popular nacional. El artículo 104 de la Constitución faculta al Presidente a consultar al pueblo decisiones de trascendencia nacional, cuya resultado será obligatorio. No se puede utilizar ni para reformar la Constitución ni para convocar una Asamblea Constituyente, pero si para decir sí o no, como Cristo nos enseña, sobre un acuerdo de paz. Hay allí un camino expedito para solucionar un asunto muy complejo. Una especie de plebiscito por la paz, como se hizo en 1957 con el voto en bloque de 14 nuevos artículos de la Constitución, incluyendo la alternación en la Presidencia de la República y la paridad en la administración pública, precisamente para acabar con la violencia política.Nuestros padres y abuelos votaron sí, y sobre esa decisión se construyó la Colombia moderna.

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