Carnet de identidad

Diciembre 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

¿Existe alguna expresión cultural que pueda representar la identidad de una ciudad? ¿O es sólo una ilusión publicitaria, un incierto estereotipo? Con el peligro que conllevan los estereotipos: la simplificación extrema, la exclusión de muchas cosas igualmente valiosas, de pronto menos vistosas o menos coloridas, los peligros de la moda. La música es una tentación muy grande: Río de Janeiro es la samba, Viena es el vals, Buenos Aires es el tango, Cali es la salsa. En todos los casos una imagen que termina por no explicar nada o muy poco: que hay en esas ciudades muchas personas amantes de un estilo de música y de baile, lo cual puede atraer a otras personas que gusten de esa música y de ese baile. ¿Es pues el tema de la identidad cultural de una ciudad un recurso socorrido de la industria turística o valdría la pena explorar cuáles son los factores que identifican a la ciudadanía con su ciudad? Con Cali, por ejemplo.¿Qué identifica al caleño? Se podría suponer que el bailarín de salsa con su camisa de volantes, sus pantalones acampanados y sus zapatos de plataforma es una imagen caribeña, congelada en el tiempo, que ha sido adoptada por Cali, de modo que sus veloces acrobacias, son algo muy nuestro. Pero la salsa es uno de los muchos ritmos que se bailan en la ciudad, en la cual se entrelazan razas y culturas. Tuvo la salsa su momento de esplendor en los años 80, pero antes y después los caleños han oído o bailado muchas otras cosas: del jazz y el bolero, el rock, al reggetón, hoy de moda. Así que sería más exacto decir que el caleño, y las caleñas que son como las flores, son gentes musicales; que hay un elemento de glorificación del cuerpo a través de la música, que permite moverlo a un ritmo alocado; pero también a través del clima, que permite mostrarlo: y del deporte que permite competir con él.Pero más allá de todo eso, hay una actitud ante la vida que se expresa en el trabajo y en el ocio, de informalidad, de gozo, en la cual se identifican muchas personas de muy diferentes procedencias que han formado la ciudad de inmigrantes que es Cali. Gentes con referentes culturales, ancestrales o históricos propios, donde la influencia afrodescendiente es la nota más alta, con el contrapunto de toda la inmigración de los departamentos limítrofes, que reafirman el sello de ciudad del interior que siempre tuvo. Fue de pronto la globalización de las influencias culturales, en una sociedad que la inmigración y el mestizaje volvieron abierta, lo que permitió el éxito de la salsa que venía de Nueva York en un viaje que se inicia en Puerto Rico y que termina en Cali, una ciudad del interior que quiere ser Caribe, donde se incorpora al imaginario colectivo.El tío Baltasar recuerda la anécdota de uno de los grandes empresarios de la región, cuando el mandatario de turno le presentó un bello comercial para la promoción del Valle de Cauca ante el mundo en el cual aparecían los paisajes, los edificios icónicos, los bailarines de salsa y él preguntó porqué no había allí nadie trabajando. Hay gente laboriosa y preocupada por el futuro caleño, que cree que debe haber una marca de ciudad, una identidad que haga que propios y extraños vean en Cali un destino promisorio para levantar una familia, para tener un trabajo productivo, para ser feliz. Y parte esencial de esa marca es la alegría de vivir, que se expresa en la música y en el baile, la salsa entre ellos. Pero que es sólo parte de un todo por descubrir.

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