Cantando bajo la ducha

Cantando bajo la ducha

Julio 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La Constitución Política de 1991 establece la manera como se tramitan y se aprueban las leyes. Para lo segundo determina como norma general la mayoría simple de los integrantes de cada corporación tanto en plenarias de Senado y Cámara como en comisiones, es decir la mitad más uno de los asistentes en sesiones donde exista el quórum reglamentario.De modo excepcional establece mayorías calificadas para el otorgamiento de facultades extraordinarias al Presidente de la República y para los procesos de reforma misma de la Constitución. Dicha mayoría calificada es la mayoría absoluta, es decir la mitad más uno de los integrantes de cada corporación.Como el Senado tiene 102 miembros, su mayoría absoluta es 52, y como la Cámara tiene 166 miembros su mayoría absoluta es 84. En las elecciones parlamentarias del pasado marzo, la coalición de gobierno, Mesa de Unidad Nacional, obtuvo el 46% del Senado, 64.7% si se incluye al Partido Conservador, que como todo indica va a ser en su mayoría parte de ella; y obtuvo el 55.4% de la Cámara, 71% si se incluye al Partido Conservador. O sea, tiene una mayoría absoluta en ambas corporaciones. El Centro Democrático obtuvo por su parte el 19,6% del Senado (20 senadores) y el 9,6% de la Cámara (16 Representantes).Lo que eso quiere decir es que no existe ninguna posibilidad de que las iniciativas que va a presentar el Centro Democrático para inaugurar su presencia en el Congreso se tramiten favorablemente, si no tienen el apoyo del Gobierno. Y como su jefe único el ex presidente Uribe prepara al parecer toda una batería de reformas, tendrá que cambiar su actitud camorrera frente al Congreso y frente al Gobierno (cuyas legitimidades desconoce) si quiere que algunas de ellas se conviertan en leyes de la República. Ya se han ventilado varias y no son nada nuevas, como el establecimiento del voto obligatorio, que es un efecto de la tendencia autoritaria de volver obligaciones los derechos; o la entrega a la oposición de los organismos de control, suculenta tajada que los ganadores no van a entregar. Ambas fracasadas en el pasado. Pero puede haber cosas interesantes que valga la pena recoger en el proceloso camino de los acuerdos parlamentarios, lo cual no se logrará sin el apoyo de las mayorías.Descartado su papel como legislador autónomo, le queda al Centro Democrático el papel de protagonista del control político, bandera que tiene que compartir con la izquierda, una minoría que no ha hecho mal ese trabajo. Puede haber críticas y denuncias, pero igual será como cantar bajo la ducha pues el control político se resuelve en las mociones de censura, que requieren también mayorías calificadas para su aprobación. Sino pregúntenle al senador Robledo, del Polo, cuántos ministros tumbó durante sus sesudos debates. El tío Baltasar, quien cree en la justicia poética, dice que el papel del Centro Democrático en estos cuatro años próximos será un poco como el del Partido Liberal durante los largos años de su travesía por el desierto del Gobierno Uribe, cuando fue un convidado de piedra, ruidoso a veces, en todas las decisiones parlamentarias. Y añade que para efectos de las decisiones políticas, que son las que cuentan, el país no está dividido en dos partes iguales, como puede hacer suponer el resultado de la elección presidencial, sino más o menos entre un 70% que decidirá y un 30% que cantará bajo la ducha.

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