Caminos cruzados

Caminos cruzados

Abril 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Cruzar los caminos de la campaña electoral y las conversaciones de paz en La Habana es una tremenda equivocación. Esos procesos tienen tiempos, decisiones y consecuencias diferentes. El electoral tiene fechas fijas inmodificables, decisiones políticas que nacen de las alianzas partidistas, y consecuencias de la mayor importancia como la continuidad o no de las políticas gubernamentales, dependiendo del resultado de las elecciones. Los tiempos del proceso de paz son indeterminados. Puede avanzar o no dependiendo de la voluntad de los negociadores, tiene una agenda precisa pero extensa, con puntos de la mayor delicadeza como son los términos de la incorporación de la guerrilla a la vida civil y su participación en política. Si se está avanzando en la toma de decisiones, es un error presionar algún tipo de resultado por la vecindad del calendario electoral, máxime cuando una de las reglas de juego es que nada está acordado hasta que todo esté acordado. Además, sus consecuencias generan una política de Estado que debe ser ratificada por el pueblo, la cual está muy por encima del cambio de gobierno puesto que su aplicación efectiva tardará muchos años.Cualquiera entiende la premura de muchos políticos por entrecruzar esos caminos diferentes. Especialmente la de quienes quiere ganar electoralmente en el río revuelto de un eventual fracaso en La Habana, que equiparan al fracaso de la gestión gubernamental. Nada indica, a pesar del moderado optimismo oficial, que el proceso de paz no vaya más allá de la próxima elección presidencial. Así que vender la idea de que si no hay un acuerdo antes del próximo noviembre cuando el Presidente debe decidir si quiere reelegirse o no, significa el fracaso de las conversaciones es un sofisma en el cual la oposición adoraría que cayera el gobierno. De hecho, bien podría suceder lo contrario: que el Presidente decida tomar la bandera del proceso de paz, que no es una preocupación central de los colombianos, como lo indican todas las encuestas de opinión, sino un producto del mundo político, y algo deseable, como parte importante de su campaña. Si es reelegido le daría al proceso la legitimidad popular que sus adversarios dicen que hoy no tiene, y de paso a las conversaciones el tiempo que se requiere para que tengan un final exitoso durante su segundo período.Pero mantener las conversaciones en plena campaña electoral, sin que se hayan acordado las condiciones de participación en política de la insurgencia es ponerles un obstáculo innecesario e insuperable. Un ruido ensordecedor. Las conversaciones deberían suspenderse junto con el anuncio de la reelección presidencial, incorporar la continuidad del proceso a la agenda de la reelección y reanudarse en el segundo período presidencial. O no reanudarse nunca si gana la oposición, lo cual es altamente improbable por decir lo menos. El tío Baltasar, que ha vivido tanto, dice que le aterra una campaña electoral montada sobre el odio entre compatriotas, que lo devuelve a tiempos que él creía olvidados y cree que ese interludio de las conversaciones es indispensable para su éxito, y para afianzar la concordia entre los colombianos. Y añade el tío, con su usual perversidad, como si estuviera hablando de otra cosa, que cuánto más vamos a esperar antes de retirarnos de la Corte Penal Internacional que hoy se está esgrimiendo como la más poderosa razón para que lo que acordemos los colombianos ni se pueda hacer ni sea respetado internacionalmente.

VER COMENTARIOS
Columnistas