Caminos conocidos

Caminos conocidos

Junio 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El pintor lucha contra el tiempo, que todo lo destruye. Pero para poner en evidencia esa fugacidad, que es la de la vida y pretende no ser la del arte que se cree eterno, pinta con agua sobre el pavimento caliente los trazos de un rostro, que es como el arte mismo, un trabajo de nunca acabar. Su persistencia, registrada por la cámara, revela ese esfuerzo ancestral de la especie por permanecer, tan inútil. Cada rasgo que traza se evapora de inmediato y el rostro completo apenas si permanece en la memoria por unos pocos segundos porque el rostro siguiente ya es de otro. Lo que hace Óscar Muñoz, quien es el artista colombiano vivo más importante y más fugaz, en una cajita adosada a la pared en medio de otras muchas obras de gran formato, es el mejor resumen del arte moderno colombiano: figurativo, audaz pero no mucho, influido poderosamente por las tendencias internacionales pero arraigado a la tierra; y esa pequeña obra en video que se hace y deshace continuamente ante los ojos del espectador es la joya de la corona de la colección permanente del Museo de Arte Moderno La Tertulia, que es como recorrer los pasos por caminos conocidos.La colección se abre con los grandes nombres internacionales que iban a marcar un período de explosiva creatividad en el Continente americano en los años 70 y 80, y que serían las mayores influencias en los artistas colombianos de la época, quienes para entonces rompían todos los parámetros académicos y obligaban a los colombianos a mirar mundos distintos, menos acartonados y reglados, menos parecidos a sus propias vidas, que cambiaron con esas experiencias visuales. Los nombres de esas tendencias y de esos personajes son hoy como una biblia antigua que en su momento no fueron otra cosa que una profanación: el expresionismo abstracto, el arte pop, el conceptualismo, el minimalismo, el op art, todos con seguidores destacados entre nosotros. Robert Indiana, Robert Rauschemberg, Louise Nevelson, en Estados Unidos; José Guadalupe Posada, Diego Rivera, Rufino Tamayo, José Luis Cuevas, en México. Julio Le Parc, en Argentina; Fernando de Szyszlo en Perú, Jesús Rafael Soto y Carlos Cruz-Díez en Venezuela. Y de allí nutriéndose de esas fuentes surge una nueva visión de la realidad colombiana, más internacional pero al mismo tiempo con profundas raíces en lo nuestro, en lo precolombino, en el paisaje del trópico, en el gusto popular: Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Omar Rayo a medio camino entre la estética de la industrialización y las formas indianas; Alejandro Obregón, que es el expresionismo abstract0 vuelto realidad tropical, Enrique Grau, Fernando Botero, Hernando Tejada, Beatriz González y María de la Paz Jaramillo que son cada uno a su modo la quintaesencia de lo popular; Ever Astudillo y Fernell Franco, que son la Cali triste depurada de su tristeza; en fin, un desfile organizado con sabio criterio, que busca elementos comunes en obras disímiles, los espacios, la ciudad, los objetos, el cuerpo, y que son en su conjunto la manera como una generación de artistas talentosos vio el mundo que lo rodeaba, con tanto vigor que cambiaron para siempre la manera como los colombianos nos veíamos a nosotros mismos. Ese valor revolucionario, esa transformación brutal, creativa, al mismo tiempo audaz y contenida deben verla las nuevas generaciones de artistas y de ciudadanos, y ese poder didáctico es el mayor valor del tesoro acumulado en el Museo de Arte Moderno La Tertulia, para nuestro placer.

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