Cadencias

Cadencias

Mayo 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Lo de esa noche fue de prodigio. Ryu Goto, violinista japonés de 24 años, tocaba en el Teatro Municipal de Cali el Concierto en Re Mayor Opus 61 de Beethoven acompañado por la Orquesta Filarmónica de Cali, dirigida por el maestro Toby Hoffman. Ese concierto, el único que escribió Beethoven para violín, no solo tiene algunas de las más bellas melodías de su vasta creación musical sino que a la usanza de la época, que son los principios del Siglo XIX, le da al solista en el primer y tercer movimientos la oportunidad de demostrar su virtuosismo. Cadenza se llama ese ornamento musical, en el cual la orquesta calla y el solista se apodera del escenario, no para seguir una partitura sino para impresionar a la audiencia con su dominio del instrumento. Para el tiempo en que el Concierto para Violín fue compuesto, 1806, las cadenzas ya se escribían, sin embargo el solista conserva un margen de libertad en su ejecución. Para el Opus 61 existen más de 20 cadenzas. El concierto mismo fue compuesto por Beethoven, en la cumbre de su madurez, a los 36 años para Franz Clement, a la sazón de 26 años y el más famoso violinista de Viena. Una de las anécdotas más curiosas de la historia de la música es que el estreno fue un fracaso. Dicen que Beethoven lo terminó de escribir la noche anterior, que Clement no tuvo tiempo de ensayar y que lo partió en dos partes con un intermedio en el cual hizo toda clase de piruetas musicales. Fue olvidado. Sólo volvió a escucharse en 1844, cuando Beethoven llevaba muerto 17 años, en una interpretación del violinista Josep Joachim, quien compuso una de las cadenzas más conocidas que aún hoy se interpreta, dirigido por nadie menos que Felix Mendelssohn. Nunca ha dejado de sonar.Ryo Goto debutó como solista a los 7 años tocando en el Festival de Música de Sapporo, en su Japón natal, el concierto N° 1 para violín de Paganini, que exige un gran conocimiento técnico. Un niño prodigio que se ha convertido en un joven virtuoso, cuya personalidad se refleja en cada nota. Toca con una alegría juvenil esa obra tan plena de belleza, de melancolía mezclada con poderosa agitación. Lenta y de pronto acelerada, en la cual la orquesta mantiene con el solista un diálogo continuo donde se toman y se devuelven las melodías. Y de pronto la orquesta queda en silencio y Ryu Goto toma su violín y casi que danza con él, se acerca al borde del escenario como para estar seguro de que está siendo escuchado y se aleja luego para verificar el encantamiento del público, su asombro ante las cadenzas que son como una música imposible producida por un pequeño instrumento y un joven genio. Inolvidable.Goto llegó a Cali gracias a la Asociación Colombo Japonesa y tocó en Cali gracias a que aquí existe, contra viento y marea, una Orquesta Filarmónica, que doña Amparo Sinisterra de Carvajal no ha dejado acabar a pesar de los embates de la burocracia. Es una orquesta pequeña con los mínimos requeridos por una orquesta filarmónica, que suena maravillosamente y que es la manera más noble de poner a Cali en el mapa internacional de la cultura con eventos como éste, que por sí mismos justifican que la Orquesta Filarmónica tenga un tamaño más adecuado y un futuro menos inestable. Lo cual no tiene que hacerse en detrimento de otras formas de expresión musical de carácter masivo que tienen vida propia. Para muestra un botón. Al día siguiente estaba Ryu Goto en Delirio, disfrutando como un joven cualquiera del mejor espectáculo de salsa que se ha creado entre nosotros.

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