¿Angelino, Alcalde?

Noviembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Se apresuraron los malquerientes de Angelino Garzón a sacarlo de la lista de candidatos a la Alcaldía de Cali. Dieron por sentado que el Partido de la U, al que había renunciado extemporáneamente, no le daría su aval, lo cual lo dejaba en el limbo político. Pero Angelino, que es un viejo zorro, ya se puso a las órdenes de la U en carta en la cual, sin querer queriendo, dice que si están interesados en su nombre, está a la orden. Los partidos que hacen parte de la coalición de gobierno, acordaron en Santa Marta que hubiera en lo posible candidatos de unión en todo el país para las elecciones regionales de octubre de 2015, escogidos bien sea por una consulta popular que la Registraduría ha planeado para el 19 de abril o por una encuesta. Pero, si le dan el aval, no es probable que Angelino sea candidato de la coalición de gobierno a la Alcaldía de Bogotá. Aunque podría ganar la consulta o la encuesta, el Gobierno Nacional no ve a Angelino como uno de los suyos luego de su peculiar comportamiento como Vicepresidente de la República y no le sería fácil obtener el guiño presidencial. Bogotá no es su plaza ni su estilo. Allí además la lucha será sin cuartel y hay candidatos más populares que él. Pero Cali es otra cosa. En Cali es de lejos el candidato más popular, y ese hecho arrastra toda clase de adhesiones políticas. Está muy por encima en prestigio, experiencia en lo público y reconocimiento de la gente, que cualquiera de los jóvenes candidatos que tienen que batallar primero por la nominación de sus partidos y luego por la candidatura de la coalición de gobierno. Es, al fin y al cabo, el patrimonio político disponible más valioso que tiene la U en la región. ¿Por qué desperdiciarlo?Pero aparte de la mecánica política que en este caso es tan obvia, la principal característica de Angelino Garzón es su capacidad para sentar a los adversarios a la mesa, para someterse a las interminables sesiones de conciliación de intereses, para tender puentes entre sectores sociales distantes, entre los empresarios y los trabajadores, los ricos y los pobres. Una mezcla de vodka con agua bendita, que puede ser útil en una ciudad como Cali dividida por las necesidades insatisfechas, que es la génesis de todos los peligros que la acechan. Y sobre todo, el que se le viene encima: el postconflicto guerrillero.En Cali los problemas generados por el postconflicto van a ser mayúsculos; será la capital del postconflicto, porque el desarme de la guerrilla se va a suceder principalmente en su vasta zona de influencia, lo cual puede llevar a extremar los problemas de seguridad y las exigencias sociales. No necesita un gerente, necesita una persona que comprenda esa situación y aclimate la convivencia ciudadana. Claro que el estilo de Angelino también suscita muchas desconfianzas: da demasiados rodeos, bordea el populismo, no tiene una educación formal administrativa, no se rodea bien, su principal consejero es el Señor de los Milagros, su salud es frágil. El tío Baltasar, hombre práctico, dice que Angelino sería una carta ganadora y podría hacer una labor excepcional en la etapa del postconflicto en Cali, pero que debería estar acompañado por gente joven, no politizada, preparada académicamente, como lo ha hecho Rodrigo Guerrero. Que él sea como es, pero no sus asesores ni sus secretarios. ¿Angelino, alcalde de Cali?

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