Aguas mansas

Aguas mansas

Septiembre 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

¿Cuál es el espacio que en la política nacional ocupa hoy la Ola Verde, que fue el fenómeno político más sorprendente de la última elección presidencial, hace tan sólo tres meses? Quizás esa pregunta pueda responderse con la frase que le susurraban al oído en el desfile triunfal a los vencedores, en tiempos de la antigua Roma: Sic Transit Gloria Mundi, así pasa la gloria del mundo. Y es que es difícil creer que ese entusiasmo suscitado en el voto de opinión por los verdes se mantenga, dado que las circunstancias políticas han cambiado sustancialmente desde entonces. La mejor manera de ilustrar el asunto es con una frase de Lucho Garzón dicha con su usual agudeza en un contexto de crítica al gobierno inaugurado el 7 de agosto: “el Presidente Santos ganó con los votos de Uribe, pero está gobernando con los principios del Partido Verde”. Ese fenómeno es cierto en el sentido de que los principios del Buen Gobierno que inspiran la administración Santos, aplicados en la práctica en su despegue con gran reconocimiento ciudadano, son similares a los que predicaba el Partido Verde en la campaña presidencial, pero su efecto político es devastador para dicho partido, porque lo deja sin banderas.Para decirlo de otra manera, el Partido Verde capitalizó la insatisfacción nacional contra el lado oscuro de la administración Uribe y su intención de permanecer en el poder a cualquier costo. Es decir, recogió la opinión nacional contra la continuidad de un régimen político. Pero resulta que el gobierno que se eligió principalmente con los votos que aportaba ese régimen, ha actuado de modo rápido y eficaz en demostrar que en los temas que suscitaban la insatisfacción, esa continuidad no existe: rivalidad entre el Ejecutivo y el poder Judicial, relaciones conflictivas con Venezuela, descalificación e intromisión en la intimidad de los opositores políticos, control absoluto de los dirigentes políticos sobre cargos de la administración pública, polarización del debate público; en fin, casi cada asunto que producía controversia en el anterior gobierno ha tenido un viraje de 180 grados, mientras se ha mantenido la esencia en el manejo del tema de la seguridad frente a los grupos ilegales. En tiempos de la elección presidencial, el tío Baltasar, que es más viejo que sabio, decía, mientras llovían piedras a sus ventanas, que el efecto real de la Ola Verde, que es distinta del Partido Verde, pero que en ese momento se confundían, iba a ser obligar al nuevo gobierno a aceptar que había asuntos urgentes que corregir, y que con esa aceptación la Ola Verde cumplía su función en la vida. Eso es lo que parecería estar sucediendo ahora. Por ello cree el tío que las cuentas que está haciendo el Partido Verde sobre la representación regional que lograría a lo largo del país en las elecciones regionales del 2011, son las de la lechera, porque presume que los tres millones y medio de votos de la elección presidencial se traducirán en un apoyo similar en las elecciones regionales, que obedecen a otras agendas y a otros liderazgos. El ejemplo más claro es lo sucedido con el movimiento Compromiso Ciudadano dirigido por Sergio Fajardo, cuyo novedoso liderazgo nacional no pudo transmitirse a sus candidatos al Congreso en las elecciones previas a la elección presidencial, lo cual dio al traste con su promisoria candidatura. Así, que sin querer queriendo, el gobierno de Juan Manuel Santos está convirtiendo la descomunal Ola Verde en aguas mansas.

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