Aguafuerte

Diciembre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Se dice que la fama internacional de Rembrandt, en sus días, se debió más a sus grabados que a sus cuadros. No tanto a los pequeños grabados utilizados en los libros, una técnica artesanal muy compleja para imprimir imágenes que se usó hasta la invención de la fotografía, sino en las obras de mayor formato, con temas religiosos, destinadas a ser difundidas entre los buenos cristianos, para hacer las cuales el propio Rembrandt y su hijo Titus montaron un lucrativo taller. Lo que hizo Rembrandt fue darle al grabado un valor propio como obra de arte al crear piezas destinadas únicamente a ser reproducidas, a un precio que estaba al alcance de la pequeña y floreciente burguesía calvinista cuyo principal centro de comercio era Ámsterdam. Sus maravillosos retratos, al óleo en claroscuro, de personajes locales y de temas bíblicos, colgaban en los salones de los gremios y en los palacios al alcance de unos pocos. Los grabados en cambio viajaban por Europa, colgaban de todas las paredes y llevaban el mensaje cristiano de una manera conmovedora y espléndida.En su trabajo como grabador Rembrandt uso principalmente la técnica del aguafuerte que consiste en cubrir una placa de metal con una resina o con cera y dibujar sobre ella con un estilete la figura invertida que se va a imprimir. La placa se lava con un ácido nítrico disuelto en agua, aguafuerte, el cual carcome la superficie del metal en los sitios donde se ha removido la resina. El papel se aplica sobre la placa entintada por medio de una prensa manual para reproducir el grabado hasta que el deterioro de las líneas lo permita. Rembrandt mezclaba esa técnica con otras dos: el buril y la punta seca, que consisten en grabar directamente la imagen sobre la plancha de metal. Sus planchas han tenido una vida aventurera. Él mismo las modificó en las sucesivas impresiones y luego de su muerte cambiaron muchas veces de dueños, quienes siguieron modificándolas e imprimiendo copias. El tío Baltasar posee entre su curiosidades un ejemplar del muy famoso y muy pequeño grabado del Curandero ( The Quacksalver), un judío ofreciendo sus pócimas milagrosas en el mismo vecindario de Rembrandt, quien tomó a esos personajes callejeros cubiertos de ropajes extravagantes como modelos para sus cuadros bíblicos.En la excelente exposición que presenta actualmente La Tertulia en Cali, hay muestras de todas las temáticas de las que se ocupó el gran artista, la mayoría en pequeños formatos. De las de gran formato están La Muerte de la Virgen, de 1639; El Descendimiento de la Cruz, de 1633; y Cristo frente a Pilatos, de 1636. Se hecha de menos la más conocida de todas, La Estampa de los Cien Florines, imagen de cristo rodeado de desamparados. Una pequeña, Cristo Expulsando del Templo a los Mercaderes, tiene una proporción monumental en el poder de sus imágenes; y otra, Abraham e Isaacs, la ternura del amor filial. Abundan los retratos, incluso el que hizo del subastador de sus bienes, y escasean los paisajes, pero el conjunto es extraordinario y da una idea muy precisa de un trabajo que ningún artista ha podido superar. El barroco fue un movimiento artístico al servicio de la política del Papado. Una manera ampulosa voluptuosa, imponente, de impresionar a los fieles católicos, lejos de la austeridad protestante. Rembrandt, calvinista, fue sin embargo el embajador excelso de esa política celestial.

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