Admirables y mendicantes

Admirables y mendicantes

Enero 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

A raíz de la visita de Gustavo Dudamel, el joven y genial director venezolano, a Los Angeles para dirigir la Orquesta Filarmónica de la ciudad, decía la directora de su Junta en una entrevista para la televisión, que a pesar de tener sólo cien años, la Orquesta había hecho un esfuerzo sostenido por lograr una calidad similar a la de las grandes orquestas europeas, no sólo a través de la selección estricta de sus integrantes y directores sino también de la continua innovación en las técnicas musicales y en su repertorio. Esa joven orquesta, de sólo cien años, tiene una moderna sede propia, los músicos de planta que requiere una gran orquesta filarmónica, una financiación asegurada y directores invitados de la importancia de Dudamel.Los Angeles es una ciudad con enormes problemas sociales creados por la inmigración ilegal y la pobreza de su población menos educada refugiada en su centro inhóspito, lo cual puede predicarse casi de cada gran ciudad alrededor del mundo. Pero quiso tener una gran orquesta filarmónica, y museos, escuelas de ballet, auditorios de toda clase, porque aun en medio de las mayores necesidades la cultura es un valor muy preciado para que una sociedad pueda considerarse como tal. Cultura de verdad, no entretenimiento para turistas o para las masas, o emprendimiento empresarial cultural, que también lo hay, y que está bien que exista aunque por lo general es una dimensión comercial y estereotipada de la cultura popular. Lo que diferencia el aspecto del entretenimiento como empresa cultural comercial de un proyecto como una orquesta sinfónica, o para el caso de un museo de historia, o de arte antiguo o moderno, o una escuela de ballet, es un propósito de largo aliento que lo convierte en un proceso cultural profundo, serio, comprometido con el pasado y el futuro de la sociedad, que termina por hacer parte de su alma misma. Son procesos a largo plazo, costosos, continuos, que requieren tanto la ayuda estatal como privada. Son también grandes empresas en el sentido de que requieren una organización especializada, unas fuentes de recursos, unas metas y realizaciones claras. Y la atención insustituible del Estado. Para que empresas de esa clase prosperen, especialmente en una sociedad con muchas necesidades básicas insatisfechas como la nuestra, se requiere de una planeación rigurosa en la asignación de los recursos públicos destinados a la cultura, que cumpla el fin esencial de la planeación que es el establecimiento de prioridades y de requisitos. Un plan de desarrollo cultural que reconozca específicamente los procesos culturales importantes, incluyendo aquellos relacionados con la cultura popular, y los apoye de modo suficiente, equitativo y permanente, con independencia de la gestión política de turno.No es el caso de Cali. Bien valdría la pena hacer un examen de la distribución de los recursos destinados a la cultura en los últimos años, en la cual se han privilegiado de lejos las manifestaciones folclóricas y populares, frente a procesos culturales importantes y mendicantes. Cuando se habla del resurgimiento de Cali, del renacer de la confianza en ella misma y de los balances de ese proceso admirable, no es mucho lo que pueda decirse del apoyo sustancial a procesos igualmente admirables como la Orquesta Filarmónica de Cali, el Museo de Arte Moderno La Tertulia, Incoballet, Bellas Artes. Una deuda cultural que en estos tiempos de evaluaciones debería comenzar a pagarse sobre bases serias.

VER COMENTARIOS
Columnistas