40 billones

Agosto 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La mayor ventaja de los tiempos electorales es el ambiente de debate que suscitan y la posibilidad de que haya cambios provechosos en la orientación de las políticas públicas. Su mayor inconveniente es que esos debates se suceden entre quienes detentan el poder y quienes aspiran a reemplazarlos, y en ellos se pierde toda objetividad. Hoy en Colombia el caso más notorio del debate político, excluyendo naturalmente al proceso de paz, es el de la infraestructura de transporte. La oposición, en cabeza del anterior gobierno que duró ocho años, sostiene que la principal glosa que se le puede hacer al presente gobierno es que anuncia pero no ejecuta; y por su cuantía, donde se hace eso más evidente es en la construcción de la infraestructura, que el gobierno anterior tampoco construyó, y que se supone debería existir desde hace años como condición indispensable para que el país sea un beneficiario no una víctima de los muchos tratados de libre comercio que se han firmado. Como la glosa es cierta, bien vale la pena averiguar qué es lo que ha sucedido y nadie mejor para clarificar el asunto que una autoridad imparcial como el Presidente de la Cámara Colombiana de Infraestructura, Juan Martín Caicedo Ferrer.Lo que dice Caicedo Ferrer, es que el actual gobierno ha realizado en los tres años que lleva un complejo y necesario proceso de organización institucional del sector con la creación de la ANI, Agencia Nacional de Infraestructura; la Anla, Agencia Nacional de Licencias Ambientales; y la Agencia Nacional de Contratación. Se expidió además le ley de Alianzas Público Privada, APP y se han destinado 40 billones de pesos para inversión, en proyectos que cuentan con adecuados diseños; a más del compromiso de sacar adelante en el Congreso un proyecto de ley que simplifique trámites hoy casi insuperables como los permisos ambientales, las consultas previas y la adquisición de predios. Es decir que se ha adelantado un proceso serio de despolitización, tecnificación y desburocratización del sector, cuyo desarrollo toma tiempo. Y añade que lo importante no es que la locomotora de la infraestructura arranque sino que lo haga adecuadamente, lo cual resume en una frase las diferencias entre el gobierno anterior y este. Y las zanja, según todo lo indica, a favor de este, que asume como corresponde la responsabilidad de invertir esos 40 billones de pesos, que son toda la plata del mundo. Apunta eso si que incluidos en esos recursos todavía hay proyectos de puro interés político que deberían ser revisados si lo que se quiere es una infraestructura realmente competitiva.Los colombianos llevamos años oyendo hablar de la difícil geografía que nos tocó en suerte y de las maravillosas habilidades de la ingeniería nacional, que ha hecho lo imposible por conectar al país consigo mismo y con el exterior. Pero los resultados de ese trabajo hercúleo dejan hasta ahora mucho que desear, en buena parte por las ineficiencias en la asignación de los recursos públicos a las obras, su escasez relativa, la corrupción y las dificultades técnicas. Un país hecho a los trancazos. Si eso se está arreglando, sería el mayor aporte estatal al desarrollo económico de toda nuestra historia y el aprovechamiento real de muchas oportunidades productivas, que han hecho hasta ahora solo parte de la literatura económica y política. Por eso, el tío Baltasar dice que en tiempos electorales, cuando se trata de políticas públicas, las únicas opiniones autorizadas deberían ser las de quienes no están en campaña.

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