Una ciudad en caos

Enero 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

No otra cosa encuentra Rodrigo Guerrero al asumir la alcaldía de Cali. No sólo en su aspecto físico, que seguro será motivo de análisis y controversias en los primeros cien días, sino en lo humano: su comportamiento poblacional.Uno de los apartes más interesantes de ‘El Quijote’ puede aplicarse a nuestra ciudad: “No os dije yo, señores, que éste castillo era encantado, y que alguna legión de demonios debe habitar en él. En confirmación de lo cual, quiero que veáis por vuestros ojos cómo se ha pasado aquí, y trasladado entre nosotros la discordia del campo Agramante. Mirad cómo allí se pelea por la espada, aquí por el caballo, acullá por el águila, acá por el yelmo, y todos peleamos y todos no nos entendemos. Venga pues, vuestra merced, señor Oidor, y vuestra merced, señor Cura, y el uno sirve de rey Agramante, y el otro de rey Sobrino, y póngannos en paz, porque por Dios Todopoderoso que es gran bellaquería, que tanta gente principal como aquí estamos, se mate por cosas tan livianas”.No menos aplicable es un verso atribuído a Rafael Núñez: “Bolívar tumbó a los godos (término utilizado por los criollos para referirse a los peninsulares en la Colonia), y desde ese infausto día, por un tirano que había, se hiceron tiranos todos”.Si por alguna razón hemos llegado al caos infraestructural y funcional, ratificado por el desempleo y la desaparición de una vocación que teníamos, con la cual la ciudad se distinga en el mapa mercantil del mundo, que permita atraer empresas generadoras de valor agregado y estimular la inversión, es por el decaimiento de nuestra gestión humana. Cali dejó de ser un conglomerado para ser una montonera incapaz de crear una causa común que se imponga sobre el caballo, el yelmo y la espada, e impida que los tiranuelos inhiban con sus caprichos la convergencia y la convivencia. Que nadie pretenda pasar de agache ante la realidad de que estos son los factores de comportamiento que nos tienen al rezago para construir ciudad. Que no nos sigan engañando con la salsa, pues si bien un derecho del hombre es la sana diversión, ella no reemplaza como generador de riqueza al trabajo, que es lo que necesitamos.Cali no es un municipio sino en los textos de división política y administrativa. En realidad, es un virreinato del Gobierno Nacional, dado que como no hemos podido manejar nuestros asuntos, nos los maneja el Gobierno Nacional, por mecanismos de intervención, en algunos casos por traidora entrega de la independencia que celebramos el 3 de julio, pero a la que nos hicieron renunciar por conveniencias de poder.Tampoco sabemos desde y hasta dónde es Cali, pues por la mala administración la ciudad ha desbordado sus espacios y los ha conectado con municipios vecinos, creando una zona metropolitana ‘frankensteiniana’, que inhibe el adecuado manejo de prospectivas que se ven interferidas por conflictos territoriales sin normas para dirimirlos. Cali registra un talante conflictivo, que a veces se trata de curar con la dialéctica de la convivencia que se ve impedida por la acumulación de problemas reales, que no se pueden resolver a punta de cuento, sino de acción administrativa seria. El origen de todo es que el Gobierno Municipal, en su concepto lato que incluye al Concejo, ha dejado de ser el conductor de la sociedad, porque ha perdido la confianza de la gente por tanto engaño y manipulación en forma infame de la pobreza con perversa politiquería.A Guerrero le va tocar servir de rey Agramante y de rey Sobrino y ponernos en paz, para salir del caos. Seguramente encontrará una población dispuesta a acompañarlo.

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