Un tema candente

Septiembre 10, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Si bien en el argot de la economía social se dice que las estadísticas son frías, ello se refiere sólo a que los datos que se publican son la realidad. Sin embargo, en muchos, es la realidad la que es caliente.Es el caso de las cifras que nos indican los porcentajes de desempleo, subempleo e insuficiencia de ingreso en aquellos que lo tienen pero que no les alcanza para un nivel de vida digno, sobre todo en una sociedad contrastante en la que las diferencias de estatus económico son visibles y hasta insultantes y fuente de conflicto entre sus gentes.En las economías de mercado como las europeas se considera que la seguridad social básica y el sentido de participación y pertenencia de la población (el patriotismo y la verdadera cohesión social) se fundamentan en la existencia misma del empleo y en la retroalimentación que éste hace en el círculo de la complementación intersectorial de las diferentes actividades de la economía social. Cuando una persona no tiene una actividad, dependiente o independiente, que le permita ganarse su plan de vida, se antagoniza con la sociedad. Mucho más si la persona ha invertido tiempo y dinero en prepararse para su mejoramiento continuo, escalera de ascenso en la sociedad. Es el caso de las universidades. La principal preocupación del estudiante es ver su esfuerzo cristalizar y no perderse en el vacío de un equivocado e insensible modelo económico, culpable del desempleo, del subempleo y de la insuficiencia de ingreso. No en vano son los centros de estudio y discusión inteligente de la cosa pública los semilleros del descontento y la protesta. Que hacen eco en gentes menos preparadas académicamente pero sufriendo las mismas carencias.Una persona que queda fuera de la fuerza laboral es un problema prolongado. Mientras no tiene ingreso, el desempleado entra en déficit social. Cuando tiene ingreso tiene que reponer lo que no ha podido conseguir en el vacío de su vida, así que tiene que trabajar mucho más para lograr lo mismo. Este es el reto que afronta Colombia con sus millones de desempleados, subempleados y personas con baja remuneración, monstruosa deuda social que se tiene con la población, y que en cualquier momento puede pasar la factura, y también inmensa deuda con el desarrollo industrial y comercial que sufre porque millones de personas sin ingreso o bajo ingreso son clientes que no se tienen y hay que buscar en otros países, que, a pesar de la globalización, defienden sus mercados o no los entregan sin compensación. (Le compro si me compra).Si el gobierno quiere ‘producir’ empleos en una cantidad de millones, no puede pensar en lograrlo si no introduce reformas al modelo de desarrollo, proceso en el cual el primer paso no puede ser otro que poner el dinero al servicio del trabajo, mediante esquemas de financiación de procesos productivos utilizando el todavía vivo espíritu empresarial, que ha sufrido golpes en las diferentes crisis de la economía social, en las cuales ha sido claro el interés del gobierno en salvar al gran capital y al ‘gran Estado’. Un empleo no es nada distinto que el resultado de la conjugación de una capacidad productiva con una capacidad adquisitiva: el círculo virtuoso de personas ofreciendo un producto o un servicio a quienes tienen el dinero para comprar, porque, a su vez, alguien les ha comprado el producto o servicio que ellos ofrecen. Fue la ruptura de éste elemental principio de la economía que produjo la crisis que hoy el mundo sufre por sacudirse, sin resultados fáciles, como se ve en los altibajos noticiosos.

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