Un riesgo calculado

Diciembre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Todos los procesos que tienden a resolver y poner verdadero fin a conflictos internos de países socialmente desavenidos contienen necesariamente un riesgo calculado: el posible fracaso, particularmente si, como ocurre en el caso colombiano, tienen una larga duración, cosa que acumula daños, muertes y dolores, fuentes de resentimientos; y los “evoluciona”, a medida que el paso del tiempo va uniendo factores de enfrentamiento entre ciudadanos. Y peor, en nuestro caso, cuando hay facciones en franca guerra que no están dispuestas a ceder, reclamando cada una (de varias) la razón y pidiendo la cabeza de las contrapartes.Colombia ha experimentado varios episodios de “terminación” de su conflicto interno, ya sea por intento de arreglo o por intento de derrota. Ninguno ha tenido suerte, precisamente porque a medida que el conflicto ha dejado de ser lineal (un solo problema creciendo), y se ha convertido en arbóreo (una enredadera de problemas, valga decir, generados por la acumulación de problemas lineales desatendidos que se imbrican a medida que crecen lateralmente) no hay solución que sirva. En el proceso actual de búsqueda de una solución que tiene lugar en La Habana, ampliamente publicitado, cosa que le ha ganado un gran apoyo internacional, pero que nacionalmente es nociva porque lo convierte en un espectáculo en el cual juegan voceros de la intransigencia a la vez que oportunistas en trance de vitrina, a veces diciendo sandeces, Colombia juega un alto riesgo, cual es el de mostrar ante la opinión pública mundial su incapacidad para resolver sus propios problemas, y aparenta una adicción al conflicto y a la guerra para pretender resolverlos, que en el momento mundial es inconveniente.El mundo está receloso de los países con problemas internos aparentemente insolubles porque ya es claro que muchos conflictos internos se están nuevamente (porque durante la guerra fría lo estuvieron) irrigando a otros, con cambios de forma y moda, y es inocultable que hay ya enfrentamientos entre potencias, que le dan vigencia al antiguo dicho africano: “cuando los elefantes pelean, la que sufre es la yerba”. Lo demuestran la intervención francesa en Mali, el desastre de Sudan del Sur (creado y aplaudido por las mismas Naciones Unidas), la permanente pulga en el oído de Somalia y el Cuerno de Africa, los constantes ladridos con movimiento de naves de guerra en el Pacífico, y, para no irnos muy lejos, el “equivocado” sobrevuelo de aviones rusos sobre nuestro mar territorial.No es del caso pontificar sobre cómo se debe resolver el conflicto interno colombiano en La Habana, excepto decir con alta voz que no todos los componentes del problema colombiano están en los pilares en que está sostenido tal proceso pues muchos mas se deben resolver fuera y después de La Habana, aquí y en todas partes de Colombia, pero sí es muy importante que tal proceso tenga un “cierre” que nos permita dar los pasos siguientes pues no todo lo que estorba en Colombia es el “agarrón” político-armado sino también la falta de un orden social y económico con cabida total.

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