Un juego peligroso

Abril 25, 2017 - 11:55 p.m. Por: Ode Farouk Kattan

“Si dos naciones pequeñas entran en guerra, las Naciones Unidas intervienen, y se acaba la guerra. Si una nación grande y una pequeña entran en guerra, y las Naciones Unidas intervienen, se acaba la nación pequeña. Pero si dos naciones grandes pelean y las Naciones Unidas intervienen, entonces se acaban las Naciones Unidas”.

Esta es una frase lapidaria que alguien utilizó para describir lo que podría ocurrir cuando empezó la Guerra Fría luego de la Segunda Guerra Mundial, rememorando la forma como la Liga de Naciones, que fue conformada luego de la Primera Guerra Mundial para prevenir con diplomacia otras, perdió su utilidad por la pelea de las potencias, que virtualmente le pasaron por encima, y de las palabras pasaron a las armas.

Si bien la actual Organización de Naciones Unidas como cuerpo colegiado ha tenido actuaciones muy importantes en aspectos académicos, científicos y sociales, y algo en lo político simple, lo cierto es que cada vez que las potencias mundiales se ladran mutuamente por sus intereses, en la mayoría de los casos mezquinos, y también se muerden, utilizando países satélites (su ‘órbita’) como peones, la ONU queda paralizada porque carece de la autoridad y fuerza propia para imponerse y por lo menos ayudar a que el conflicto no se agrande e irrigue y ayudar a resolver el ‘impasse’.

Hoy no hay nada más funesto para la solución de un conflicto en el que tengan interés las potencias que llegue al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas porque allí se tranca y se agrava, porque cada potencia pretende imponer su punto de vista, dado que el Consejo de Seguridad se ha convertido en una palestra de ‘honor’ para ver quién gana, cosa que le está restando autoridad y eficiencia.

Infortunadamente para el mundo, de un tiempo para acá los conflictos entre naciones grandes se están dando por asuntos que envuelven intereses o caprichos, que se sostienen con despliegues de tropas o aparato militar, llegando a bombardeos con consecuencias humanas agravantes, semillas de la venganza por parte de los afectados utilizando cualquier medio, actitud definida ya desde el asesinato del Archiduque de Austria en Sarajevo en 1.914 como “el arma de quienes no tienen ejército”, y ya el mundo vio lo que causaron seis tiros de pistola bien disparados: cuatro años de guerra y la caída de varias monarquías y, por la destrucción física y poblacional causada, un remezón político social.

Amén de ello, el mundo está viendo cómo, para ganar elecciones se está utilizando lenguajes vituperantes, aprovechando otro aspecto de los tiempos actuales que es el factor socioeconómico, mejor descrito como la guerra comercial entre naciones (léase entre conglomerados empresariales, gobiernos y grupos de explotación en trance de enriquecerse, y pueblos desesperados por ganarse unos salarios), la globalización mal comprendida y peor utilizada, y que levanta ‘roncha mundial’ por la sencilla razón de que el mundo expandió la capacidad de producción pero no la de compra, en un escenario de terrible desigualdad salarial, y competencia desleal, el ‘gran destape’ de Trump.

Guardadas las tipicidades de los tiempos, volvemos a ver los ‘Casus Belli’ (causas de guerra) de la historia.

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