Un asunto serio

Un asunto serio

Julio 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

La información y el debate de los asuntos de la seguridad ciudadana y el orden público revisten mucha seriedad y por ello es conveniente manejarlos dentro de tal connotación e inducir una cultura apropiada para ello.El orden público y la seguridad ciudadana tienen en Colombia una gran influencia sobre el comportamiento de las gentes, y en la evaluación y proyección de su vida. A pesar de no haber querido hasta ahora, tímida y controvertidamente por cierto, reconocer que Colombia ha estado viviendo un conflicto social interno que ha hecho metástasis a un conflicto armado, con tantas facetas que ya no tiene forma, que le ha costado la vida a centenares de miles de colombianos y le ha dañado la vida a otro tanto. La gente no quiere oír de la violencia ni en noticias ni en foros; ni quién está haciendo o no haciendo qué; lo que quiere es que se acabe. Colombia ha vivido primero la guerra civil no declarada entre los partidos; luego la guerra fría EE.UU.-URSS trasladada a la palestra mundial: y ahora una guerra que está tan diagnosticada por criterios encontrados que induce confusión.“Asesina a uno y asusta a muchos miles”, dijeron algunos notorios guerreros de antaño (Gengis Khan, Timur -conocido como Tamerlan-). Y si, como hicieron sucesores de ellos en diversos escenarios, ello se hace con sevicia, surge la figura del control y manejo de las gentes por medio del terror (ref. la Revolución Francesa).En este orden de ideas, quienes se hacen cajas de resonancia de los hechos generadores de terror, terminan siendo, frívola o maliciosamente, accesorios y cómplices del mismo y sirven intereses muchas veces contrarios al bien común, y, tristemente, a la propia conveniencia.Tampoco se trata de ocultar realidades a las que hay que poner atención, como lo pagó quedando en calzas prietas el Gobierno colombiano en el episodio de los jóvenes universitarios que se metieron en la boca del lobo en Córdoba porque les dijeron que allí ya no había lobos, clamando una victoria no realmente realizada, pues había coyotes. De nada sirvieron los rechazos del gobierno diciendo que él no era responsable directo de su muerte, pues lo había sido indirectamente al mentir o soslayar una verdad con propósitos de imagen. A la gente no le importa de cuál manada es la fiera que se lo come. Lo que quiere es que ninguna se la coma.Colombia no tiene una opinión pública secuencial y consecuencial sino una coyuntural sensiblería populachera para manejar las cosas que tienen estridencia, mientras la tengan, y si los informadores de la noticia, o los comentaristas de ella, la distorsionan al tenor de conveniencias de opinión y tendencia, se le hace el juego a los criminales, de diversa estructura y calificación a quienes con airado discurso se dice que se está combatiendo, además complicándole el trabajo a los que sí lo están haciendo. El amplio espectro en el cual se está ubicando la gran cantidad de comportamientos antisociales, todos imbricados con el común propósito de lograr sus fines, nos obliga a cambiar la costumbre de hacer consejos de seguridad para discutir y más bien comprometer a todas las autoridades en una acción decidida para corregir las causas del conflicto y empezar a disminuirlo por sustracción de materia, única comprobada forma de acabarlo. Lo cual implica corregir vicios y abandonar malas costumbres y castigar malos comportamientos que son la esencia de la materia a sustraer.

VER COMENTARIOS
Columnistas